Madrid, 19 del 08 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

Pulsión de vida – 1910*
Jean Laplanche

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La historia oficial del pensamiento analítico, la que sigue fielmente los textos freudianos  tal como se narran ellos mismos,  asigna la aparición de un nuevo dualismo pulsional -el de las  pulsiones de vida y las pulsiones de muerte- al «giro de 1920». La innovación estaría en el descubrimiento de las pulsiones de muerte, que Freud no habría tomado en cuenta hasta esa fecha, mientras que las pulsiones de vida vendrían esencialmente a recubrir a las antiguas pulsiones sexuales, ampliando sus dimensiones.

Las «Minutas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena», tesoro de reseñas hasta hoy poco exploradas, ayudan a enderezar esta construcción histórica que, por mi parte, intenté desmantelar[1].  Leamos la «discusión sobre el suicidio» que tuvo lugar en el curso de las sesiones del 20 y el 27 de abril de 1910[2]: una discusión que no carece de importancia en lo que concierne al derrotero de la pulsión de muerte en el pensamiento psicoanalítico. Cito a Freud: «Por el momento, podemos aceptar sin vacilación la propuesta del orador, según la cual, en el suicidio, la pulsión de vida se ve desbordada y sumergida por la libido. No se trata de una frase vacía, sino de una consecuencia de nuestra definición psicológica más general de la neurosis, a la que consideramos como un conflicto entre la pulsión del yo y las pulsiones sexuales»[3].

Al no comprender, los editores de las «Minutas» -Herman Nunberg y Ernest Federn- rectifican amablemente en una nota: « “Pulsión de vida” debe ser un error de transcripción. Evidentemente la expresión debería ser “pulsión del yo”».

Lástima que este mismo error de transcripción se repite dos veces más: por un lado, en el discurso introductorio del orador, Oppenheim[4], al que Freud se refiere explícitamente. Por otra parte, y sobre todo, en el texto escrito (y no solo pronunciado) por Freud en «Conclusión a la discusión sobre el suicidio»: «ante todo nos gustaría saber cómo es posible derrotar a esa fuerza tan extraordinaria de la pulsión de vida; si esto puede producirse solo con la ayuda de la libido frustrada o bien, si existe por parte del yo una renuncia a su propia afirmación, y esto por motivos inherentes al yo»[5].

Aquí planteo algunas indicaciones para un próximo comentario:

-la hipótesis de la pulsión de vida está formulada desde 1910: testimonio precioso para permitirnos seguir la articulación dialéctica de las sucesivas teorías de las pulsiones;

-la pulsión de vida se sitúa del lado de la pulsión del yo; aunque no son rigurosamente co-extensivas, al menos trabajan en el mismo sentido: el de la autoconservación; una «renuncia» de la pulsión del yo conduce a debilitar la pulsión de vida;

-la pulsión de vida, lejos de ser idéntica a la sexualidad, se le opone directamente en el conflicto suicida;

-en la primera teoría de las pulsiones, lo que marca el lugar de la futura «pulsión de muerte» es la sexualidad.

Notas

* «Pulsion de vie-1910», Psychanalyse à l’Université, 1975. Traducción: Deborah Golergant

[1] J. Laplanche, Vida y muerte en psicoanálisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1972.

[2] H. Nunberg y E. Federn, Minutes of the Vienna Psychoanalytic Society, vol. II, New Yorh, I.U.P, 1967, p. 207-219

[3] Ibid., p. 494. He traducido el término overwhelmed  (en alemán, probablemente: überwältigt) por “desbordada y sumergida”.

[4] «Quienquiera que se apoye en el fundamento de la psicología freudiana intuirá la existencia de un conflicto erótico en este amor suicida de la hija por su padre y del hijo por su madre, y entonces será capaz de comprender cómo la pulsión de vida es derrotada por la pulsión sexual, que le es biológicamente equivalente». Ibid., p. 487.

[5] S. Freud, G.W., VIII, p. 64.

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