Madrid, 21 del 01 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

Psicoanálisis y psicología*
Amine Azar

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Resumen.- El objeto del psicoanálisis y el de la psicología están en solución de continuidad (1). Y sin embargo, se tocan en un punto de pasaje que va en ambos sentidos. Ese punto de pasaje, que denomino el ombligo de los limbos, suele ser móvil. En tiempo de crisis, complacencias [Entgegenkommen] de todo tipo conspiran para que se instauren puentes, toboganes y vías de acceso inalterables. Todo el arte de la psicoterapia consiste en devolver una relativa fluidez al punto de pasaje que se mueve entre el objeto de la psicología y el objeto del psicoanálisis. Pero quedan muchas preguntas para el futuro.

Palabras clave.- Entgegenkommen, Ombligo de los limbos


Rabi Loew y su Golem

1.Esta conferencia es la continuación de la que anteriormente dediqué al tema «Psicoanálisis y ciencia»(2). Quisiera seguir explorando la demarcación que ahí señalo entre psicoanálisis y psicología. Como había dicho, esa demarcación es una separación total excepto por un punto inestable, al que denomino de manera gráfica «el ombligo de los limbos». Este punto de pasaje puede ser franqueado en ambos sentidos. Para fijar las ideas había retomado un esquema propuesto tiempo atrás por el Pr. Laplanche: el de la tangencia interior entre dos círculos o dos esferas:


Por lo tanto, será necesario considerar sucesivamente el pasaje que va de la psicología al psicoanálisis y luego el camino inverso, es decir:

(1) Psi <—-> Psa
(2) Psi —–> Psa
(3) Psa —-> Psi

El Pr. Laplanche consagró gran parte de su enseñanza al examen de la primera dirección, la que va de Psi a Psa. A través de su teoría de la seducción generalizada, intentó dar cuenta de la derivación del objeto del psicoanálisis a partir de la psicología. Al respecto, no tengo gran cosa que añadir a su enseñanza salvo simples recordatorios.

En primer lugar, el objeto del psicoanálisis, instituido por la seducción originaria, está totalmente atravesado por lo sexual. En segundo lugar, ese objeto es un sujeto deseante descentrado. La prioridad del otro en tanto responsable de la confusión de lenguas entre los adultos y el niño es nuestra condición antropológica fundamental, como bien lo dice el Pr Laplanche.

A estos recordatorios, me permito añadir la siguiente reflexión: El Pr Laplanche se contentó con hacer derivar el Yo del psicoanálisis a partir del organismo y del individuo en cuestión. Por mi parte, considero que debe darse un paso más. Tiempo atrás, Edmund Bergler hablaba del «Frankenstein interior auto-creado, llamado Superyó»(3). Pero eso no basta y aún hay que dar otro paso. ¿En qué dirección? Pienso que Groddeck nos señala el camino. Cuando en 1963 la editorial Gallimard publicó la traducción del Libro del Ello de Groddeck en la Bibliothèque des Idées, se retuvo, no sin razón, el siguiente título: Au Fond de l’homme, cela [En el fondo del hombre, aquello]. A la distancia, pienso que Groddeck tenía razón. Lo que él llama el « Ello» es la totalidad de nuestro Golem, o la Cosa. Freud le jugó una mala pasada al tomar prestada su denominación en favor de una instancia del aparato psíquico y, al mismo tiempo, también nos jugaba una mala pasada a nosotros.

Groddeck no pretendía aportar nada a la psicología. En cuanto al psicoanálisis, solo le interesaba como disciplina intelectual al servicio de la práctica de la medicina tal como él la entendía. Freud, por su parte, se extraviaba al pensar que elaboraba una psicología general, pero tenía razón en distinguir varias instancias en el Golem o la Cosa. En suma, en mi opinión lo que deriva del organismo y del individuo en cuestión no es solamente el Yo, como instancia particular, ni tampoco el Superyó o el Ello solos, sino el aparato psíquico en su totalidad.

Así, en la figura de las dos esferas de la que partimos, (C) designa al individuo, (C’) al aparato psíquico y (A) al conjunto de puntos de pasaje móviles entre las dos esferas. El Golem o la Cosa son una duplicación interior o un reflejo [mise en abîme] del individuo. De ahí que el propio Freud califique al psicoanálisis como una psicología de las profundidades o una psicología profunda (Tiefenpsychologie). En consecuencia, propongo derivar de las escrituras (1), (2) y (3), las siguientes:

(1’) Individuo<—> Golem
(2’)Individuo —–>Golem
(3’) Golem ——> Individuo

Mi intención no es ir más allá de estas observaciones en lo que respecta a la dirección Psi→Psa o Individuo→Golem. Más bien quisiera abordar el problema por el otro extremo. Mi punto de partida será el Golem, la Cosa (o cualquier nombre que se le quiera dar (4)), una vez que él o que ella está constituido(a) en el fondo de nosotros. La cuestión que me propongo tratar es ésta: ¿Cómo se pasa de Psa a Psi? En otras palabras, ¿cómo el Golem se nos da a conocer?

2. Basta con fiarse del sentido común para obtener la respuesta más sencilla. Conociendo el trayecto Psi→Psa, el trayecto inverso Psa→Psi se deduce de él por una simple inversión del sentido de la flecha, como se indica en (1) y en (1’); habrían vías transitables en los dos sentidos. Pero ése no es el caso aquí. Los puntos de pasaje de Psi a Psa y de Psa a Psi no son carreteras de doble vía.

El Golem se forma en el fondo de nosotros en el seno de la interacción entre adultos y bebés. El Pr Laplanche nos enseñó que esa interacción supone implantaciones e intromisiones de mensajes enigmáticos -mensajes comprometidos por la sexualidad infantil irreconocible (reprimida) de los adultos-, añadiendo que esos mensajes enigmáticos son portadores del imperativo «a traducir» dirigido al infante. Este tipo de comunicación es específica de esa relación asimétrica que reina entre la fuente (los adultos cuidadores) y el blanco (el bebé en situación de desamparo o desayuda).

El circuito (3’) pertenece a una situación muy diferente. Representa los medios de expresión, de intervención y de interferencia del Golem en la vida de relación del individuo en cuestión. Tiene su propia especificidad y reclama una investigación especial.

3. En tiempos de crisis, el Golem o la Cosa se deja conocer por convulsiones, manifestaciones estridentes o efracciones dramáticas. Por el contrario, en la vida corriente se da a conocer por formaciones de compromiso. Este último modo de expresión le es posible o facilitado gracias a los puntos de pasaje móviles a los que me he referido.

Esta facilitación es esencial. Freud dio cuenta de ella a su manera utilizando una expresión alemana del lenguaje ordinario difícil de traducir al francés: Entgegenkommen, que solía traducirse por el término «complacencia» [complaisance]. Más recientemente, el equipo de las Obras Completas de Freud propuso «deferencia» [« Prévenance », y hasta « Pré-venance »]. La expresión alemana de Freud tomada al pie de la letra quiere decir: dirigirse hacia… o ir al encuentro de…. (5) Aunque para Freud se trataba de un término técnico, y aunque fue perfectamente entendido en tal sentido, su alcance había sido ocultado.

En la literatura psicoanalítica corriente se retiene la idea de que un síntoma de conversión histérica se apoya, para expresarse, en una « complacencia somática » – como se «aprovecha» una cubeta para cruzar un río. Esta línea de pensamiento sigue viva y continua alimentando debates (6). Sin embargo, me interesa que su postura no sea ocultada.

Tal como la entiende Freud, la complacencia (o la deferencia) de ningún modo se reduce a la histeria de conversión sino que afecta a numerosos aspectos de la vida psíquica. Este tipo de funcionamiento tiene múltiples aplicaciones. Es cierto que Freud nunca lo expuso de manera adecuada. Lamentablemente él no podía hacerlo todo solo, y sin embargo hizo mucho. Un fragmento de frase que encontramos en una carta a Jung no deja ninguna duda sobre su posición (7). En esa carta, muy interesante, Freud evoca sus delirios acerca de las cifras 60 y 61, que supuestamente eran reveladoras de la edad a la que moriría. Dice textualmente:

«… la presencia irrefutable de una “complacencia del azar”, que desempeña en la formación del delirio el mismo rol que la complacencia somática en el síntoma histérico y la complacencia de la lengua en el chiste».

Entiendo esta enumeración como una muestra reducida de las varias aplicaciones del Entgegenkommen. Las obras canónicas de Freud – es decir, los Estudios sobre la histeria, La interpretación de los sueños, la Psicopatología de la vida cotidiana y El chiste– incluyen innumerables ejemplos de toda suerte de deferencias (8). Los Tres ensayos de teoría sexual no son una excepción. El apuntalamiento (Anlehnung) de la pulsión sexual sobre las necesidades vitales depende de la misma deferencia. A estas obras canónicas solo les faltaron dos páginas sintéticas para ser agrupadas en una recopilación. Seguramente a Freud no le faltó la visión de conjunto, pero tal vez se le escapó la razón de ser de todas esas deferencias.

No me parece sorprendente que Freud haya desatendido su razón de ser, persuadido como estaba de obrar en favor de una psicología general. El problema de la demarcación entre psicología y psicoanálisis era perfectamente ajeno a sus convicciones. Sobre lo que aquí nos ocupa, considero que todas esas deferencias forman un sistema. Constituyen, si se puede decir, el lugar geométrico de los puntos de pasaje entre el Golem y el individuo. Para el Golem, agazapado en nuestro interior, se trata de canales de expresión puestos al servicio de sus formaciones de compromiso: canales desmontables en tiempo ordinario.

4. Aquí se plantea un problema irritante del que nos deshacemos demasiado precipitadamente recurriendo a la noción de «zonas erógenas». Importantes autores (Laplanche, Widlöcher, etc.) consideran que el lugar geométrico de los puntos de pasaje entre el Golem y el individuo son las zonas erógenas del cuerpo, justamente las mucosas y las puertas de la percepción. Esto es verdadero, pero no suficiente. Sin duda existen zonas erógenas privilegiadas, pero también zonas erógenas clandestinas, secretas, furtivas, ignoradas, secretas y hasta desplazadas.

En general, la vulgata psicoanalítica empobrece indebidamente la lista de esas zonas erógenas, entre las cuales Freud, por ejemplo, no dejaba de incluir el ojo y la piel. Raramente pensamos en la planta de los pies, en la ingle, el ombligo, las axilas, los hombros, la nuca, el lóbulo de las orejas, el paladar, los párpados, la nariz, etc. Serge Leclaire señaló los «hoyuelos», esos que señala el dedo de una madre… Nuestra alma, nuestra memoria, nuestra inteligencia o nuestro sexto sentido también pueden funcionar como zonas erógenas, como se sabe.

Nuestro cuerpo no se reduce a la anatomía, hay que añadirle las dependencias y las pertenencias. En nuestro cuerpo lato sensu, ¿qué no es (de hecho o de derecho) una zona erógena? Sería muy audaz quien pretendiera decidirlo a priori. Nuestro cuerpo y sus pertenencias son el lugar geométrico de puntos de pasaje entre el Golem y el individuo: no podemos decir más sin entrar en la cuestión de las idiosincrasias. En todo caso, esos puntos de tangencia, esos puntos de pasaje móviles, son puntos de fragilidad y puntos de atracción del trauma (9). Se pueden concebir muchos casos y se los puede imaginar formando un abanico. Entre la fluidez total y las murallas a la Vauban (10) sin duda encontramos distintos grados, lo que se constata tanto en la vida corriente como en el encuadre de las sesiones.

Nuestra vida cotidiana está llena de reveses: olvidos, descuidos, torpezas. Por lo general casi no les prestamos atención hasta el momento en que se nos imponen debido al fastidio que ocasionan, sea por su frecuencia o por su repetición. Entonces su fluidez cede lugar a una rigidez progresiva, a medida que uno se aleja de la psicopatología de la vida cotidiana para encaminarse hacia una psicopatología pura y simple. La formación de compromiso transitoria se transforma en un síntoma, en una enfermedad o en un rasgo de carácter. Entonces ya no es posible hablar de puntos de pasaje móviles entre (C) y (C’), sino de pasadizos, de rutas de acceso a una vía rápida, de toboganes.

En sesión, hacemos estas mismas distinciones entre los síntomas transitorios, tan estupendamente bien descritos por Ferenczi (1912), los acting out y la neurosis de transferencia.

Sería tentador construir una nosografía psicoanalítica a partir de la consideración de los puntos de pasaje entre el Golem y el individuo. Siguiendo la pista de su movilidad cada vez más reducida, nos encontraríamos frente a histerias, fobias y neurosis obsesivas, o bien, frente a neurosis de carácter o perversiones, e incluso frente a enfermedades psicosomáticas. Sería tentador asignar a la psicoterapia el objetivo de devolver una relativa fluidez a los puntos de pasaje rígidos, endurecidos, petrificados o gangrenados por la neurosis o el trastorno de carácter. Podemos continuar pensando en ello durante un tiempo –pues se trata de cuestiones de las que no nos ocuparemos por el momento. Nuestra tarea prioritaria es el Golem, que aún no ha revelado todos sus secretos de fabricación ni su potencial de perjuicio.

 

Notas

* «Psychanalyse & Psychologie», ’Ashtaroût Bulletin volant n° 2011∙1129 (novembre 2011) ~ La Science de Freud 2, pp. 19-23 ISSN 1727-2009. Traducción: Deborah Golergant.

(1)Solución de continuidad: Interrupción o falta de continuidad (RAE). «Es una expresión relativamente confusa, poco intuitiva, por lo que a menudo se aplica de modo incorrecto con significado opuesto a lo que realmente se desea expresar» (Wikipedia) [N. de T.].

(2) Cf. en ’Ashtaroût Bulletin volant n° 2011∙1129 (novembre 2011) ~ La Science de Freud.

(3) BERGLER (1949) : La Névrose de base, chap. 4, trad. franç. p. 121.

(4) Un autor burlón lo denominaba « la bestia», o también « el otro », pensando seguir, sin creerlo demasiado, al divino Platón. Cf. XAVIER DE MAISTRE (1795) : Voyage autour de ma chambre, cap. VI y sigs.

(5) Cf. Laplanche in BOURGUIGNON & Collab. (1989), p. 129.

(6) Cf. por ejemplo PARCHEMINEY (1949), JEANNEAU (2004), PRESS (2005), etc., cuyos puntos de vista no comparto, y cuyos esfuerzos considero mal orientados.

(7) Carta de Freud a Jung n° 139 F con fecha 16 de abril  de1909, in Correspondance, trad. franç., tomo I, pp. 295-297. El contexto de la crisis de tanato-numerología del que Freud da cuenta en esta carta es reconstruido en AZAR & SARKIS (1994), Freud: Parties Carrées, IVe Parte, §§ 52-53, pp. 135-139.

(8) Notemos de paso que ERNEST JONES (1927, trad. franç. p. 403) señaló una más: la moralisches entgegenkommen o « complacencia de la intervención moral ». Cf. LACAN (1962-1963): Le Séminaire, Livre X: La Angustia, sesión del 27 de marzo de 1963, p. 232. En 1939, HEINZ HARTMAN añadió aun una complacencia social.

(9) Cf. LAPLANCHE : Problématiques III, pp. 198-203.

(10) Mariscal de Francia y principal ingeniero militar de su tiempo, afamado por su habilidad tanto para el diseño de fortificaciones como para la conquista. También aconsejó a Luis XIV sobre la consolidación de las fronteras, haciéndolas más defendibles (Wikipedia) [N. de T.].

 

 

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