Madrid, 19 del 08 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

La situación antropológica fundamental *
Hélène Tessier

 

Al descartar la hipótesis de un inconsciente cuyos contenidos universales se extraerían de las profundidades de mitos atávicos, la teoría de Laplanche no niega la existencia de una situación común a todos los humanos, en la que se pone en marcha el proceso de humanización. Esta situación, la única universal e «inalterable» -escribe Laplanche-, es aquélla de la «relación de un niño con un adulto que comunica lo que no sabe» (1997, 269). Se trata de una situación de seducción: situación antropológica fundamental que constituye el fundamento tanto de la teoría metapsicológica de Laplanche como de su teoría de la práctica psicoanalítica.

Aunque bastante conocida, la situación antropológica fundamental a menudo es mal comprendida. Suele olvidarse que, en el marco de la teoría de la seducción generalizada, se trata de una situación descrita exclusivamente desde la perspectiva del psicoanálisis, no desde la psicología. Aun cuando se basa en un dato antropológico que escapa al dominio del psicoanálisis –a saber, el hecho de que la cría humana no puede sobrevivir sin la presencia de adultos o de niños mayores que lo cuiden-, la situación antropológica fundamental en tanto fundamento de la teoría de la seducción generalizada no pone el énfasis ese aspecto. No se centra en el estado de dependencia o de «desamparo» del niño frente al adulto sino en el hecho de que, debido a ese estado, la presencia simultánea del lactante y el adulto resulta inevitable, y ello implica una relación de asimetría. Esta asimetría responde al hecho de que, en ese momento, el adulto es el único de los dos protagonistas de la relación que posee un inconsciente sexual[2]. En el marco ordinario de los cuidados y las atenciones que aporta al niño, el adulto le dirige mensajes que están, por definición, comprometidos por su inconsciente sexual, es decir, por sus propios fantasmas. La presencia simultánea de un niño aún desprovisto de inconsciente sexual y  un adulto que sí lo tiene, constituye la condición necesaria para la formación del inconsciente sexual del niño y, por lo tanto, el marco donde se pone en marcha su proceso de humanización.

Antes de continuar con la descripción del inconsciente en la teoría de la seducción generalizada[3], examinemos tres elementos en los que resulta útil detenernos.

1)El primer elemento trata de la distinción que debe hacerse entre la situación antropológica fundamental, descrita por la teoría de la seducción generalizada, y las relaciones precoces padres/niños a las que se refieren las teorías relacionales, winnicottianas e intersubjetivas, que también colocan la relación adulto/niño en la fuente de la vida psíquica del lactante. Dijimos que lo que distingue a éstas últimas de la teoría de Laplanche es la definición y el rol de la dimensión sexual. Según Laplanche, lo sexual es resultado de la seducción inherente al carácter enigmático de los mensajes sexualizados emitidos por el adulto. Recordemos que ‘sexualizados’ no es lo mismo que ‘sexuados’: los mensajes sexualizados a los que nos referimos son portadores de fantasmas sexuales infantiles del adulto, es decir de fantasmas perversos y, más precisamente, sadomasoquistas. Por el contrario, las teorías intersubjetivas centran su atención en los esquemas relacionales que son adquiridos (o aprendidos) por el lactante y que luego estructuran sus estados afectivos. La unidad madre/bebé descrita por Winnicott constituye una unidad relacional en la que se intercambian afectos no necesariamente reconocidos por la madre. Notemos, de paso, que en esta teoría el acento se pone en el rol de la madre, lo que contribuye o bien a biologizar la teoría, o bien a anclarla en una relación familiar socialmente determinada. Recordemos además que en las teorías relacionales la noción de inconsciente remite principalmente a afectos o pensamientos ignorados por el sujeto, que son calificados de sexuales en la medida en que se relacionan a cuestiones consideradas sexuales (zonas erógenas, escena primitiva, castración, Edipo, sentimiento de amor). Se trata de una concepción diferente de aquélla que nos propone la teoría de la seducción generalizada sobre el inconsciente sexual. Las teorías de Winnicott y de Laplanche se sitúan en dos universos metapsicológicos y epistemológicos distintos. La teoría de Winnicott se ocupa principalmente del self y, en consecuencia, de las identificaciones en el registro del odio y el amor.

2) El segundo elemento se refiere a la noción de mensaje. Es importante notar que, al describir la situación antropológica fundamental, Laplanche no habla de eventos, actos o hechos -relacionados con el adulto o con el medio ambiente-, sino de su mediación por la categoría del mensaje. Es por ello que la teoría alude específicamente a los mensajes del adulto[4], mensajes sobre todo no verbales, vehiculizados en esos hechos, actos o eventos, así como en comunicaciones más directas[5]. La noción de mensaje es central en la metapsicología laplanchiana. Constituye la clave de la realidad psíquica o, dicho de otro modo, de una realidad invasiva impregnada del fantasma sexual infantil. Examinemos pues cómo se articula el vínculo entre mensaje y realidad psíquica.

No debemos confundir realidad psíquica y realidad psicológica. Esta confusión es corriente en psicoanálisis y, según Laplanche, se encuentra también en Freud, quien –nos dice- solo distinguía «dos tipos de realidad: la realidad externa, material, a la que accedemos por medio de la percepción, y la realidad psicológica, correspondiente a las percepciones procedentes del interior, en primer lugar los sentimientos de placer-displacer, luego los afectos y, por último, las representaciones, fantasías, razonamientos, etc.» (1999/2001, p. 110). Ahora bien, la realidad psicológica no es equivalente a la realidad psíquica. Esta última, aunque corresponde en gran medida a la realidad del fantasma, no se reduce ni a la representación ni a su aspecto afectivo. En efecto, Laplanche afirma que, contrariamente a la realidad psicológica, la realidad psíquica es exclusivamente humana. Para él no se trata de una realidad subjetiva, y esta posición puede considerarse racionalista por dos razones: por un lado, se mantiene firme respecto a la delimitación del campo epistemológico del psicoanálisis como teoría que se ocupa de los aspectos específicamente humanos de la vida psíquica. Por otro lado, al negarse a reducir la realidad psíquica a su dimensión subjetiva, reafirma uno de los postulados del racionalismo dialéctico que consiste en reconocer la existencia de una realidad independiente de la consciencia o, en otros términos, una realidad irreductible a la subjetividad.

Respecto al primer postulado, Laplanche insiste en el hecho de que la realidad psicológica no es lo propio del ser humano. La realidad psicológica, escribe, «no es patrimonio del ser humano. Se desarrolla en todo ser vivo, complejizándose con la complejidad del sistema nervioso central» (Laplanche, 1999, p. 110, nº2).

El segundo postulado remite a un elemento fundamental del proceso de sexualización en la teoría de la seducción generalizada. Como dijimos, ésta rechaza la hipótesis que pretende que el inconsciente sexual surge de un material que no sería ya sexual. Por lo tanto la realidad psíquica, determinada en parte por el inconsciente sexual, no puede constituirse a partir de una forma precoz de la realidad psicológica. Debe encontrar su fuente en la realidad psíquica de otro ser humano, en quien ya constituye una presencia activa. Pero para permanecer en la dialéctica racionalista, ese otro humano no debe ser reducido a la aprehensión subjetiva o pre-subjetiva que el niño pueda tener de él. Si así fuera, la realidad del otro humano se disiparía con la consciencia de quien la percibe. Es por eso que Laplanche señala el problema que suscita la descripción freudiana de las diversas formas de realidad, notando que en ellas falta algo que «permita al otro no ser reducido a la subjetividad de aquél que lo recibe, sino mantenerse en su ajenidad» (1992/1996, p. 32). Lo que de hecho falta es la categoría del mensaje. El mensaje, escribe Laplanche, constituye una realidad que no se encuentra «al lado de la realidad material y de la realidad psicológica sino que es transversal a ellas» (1999/2001, p. 112), una realidad que comporta una materialidad que le es propia. El mensaje «no es necesariamente verbal y ni siquiera está integrado en un sistema semiótico, sino que se inscribe siempre en una materialidad» (1999/2001, p. 112). Esa materialidad, también llamada significante, «hace signo» a la vez que escapa, como tal, a la esfera del sentido. Destinado a la polisemia, el mensaje apela a una traducción. Además implica necesariamente la dirección del otro, por lo tanto la intervención del otro. De modo que no solo da su lugar a la alteridad sino también a la objetividad. Se sitúa en el fundamento de la concepción copernicana del psicoanálisis donde se inscribe la teoría de la seducción generalizada.

3) El tercer elemento se refiere a la dimensión histórica que la situación antropológica fundamental introduce en la concepción del inconsciente sexual. En efecto, como dijimos, la asimetría que caracteriza la situación originaria responde al hecho de que el infante, contrariamente al adulto, aún no está dotado de un inconsciente sexual. Ella supone pues un tiempo en el cual el bebé aún no tiene inconsciente. Ese tiempo pre-psicoanalítico resulta esencial para la delimitación del campo epistemológico del psicoanálisis, cuyo punto de entrada está marcado por la represión originaria.

 

Notas

* «La situation anthropologique fondamentale», in H. Tessier, Rationalisme et émancipation en psychanalyse: l’Œuvre de Jean Laplanche, PUF, 2014, p. 72-78. Traducción: Deborah Golergant

[2] La asimetría de la situación antropológica fundamental es, según Laplanche, la única justificación posible de la asimetría en la que se basa la acción de la cura analítica. En ésta tampoco se trata, al menos de derecho, de una asimetría basada en relaciones de dependencia.

[3] [Cf. más adelante en el libro de H. Tessier del que tomamos este apartado. N. de T.].

[4] Este aspecto constituye otra diferencia con las teorías relacionales, especialmente la de Winnicott.

[5] Esto permite comprender que, en el curso de la vida, los humanos suelen interpretar los eventos, incluso los eventos naturales, como mensajes. ¿Por qué a mí? La necesidad de encontrar una base comunicacional –una razón o un sentido- a un acontecimiento que no lo tiene es siempre muy fuerte. Un mensaje a traducir resulta menos inquietante que una fuerza ciega con la que uno no puede comunicarse.

 

Referencias

Laplanche J. (1992), La prioridad del otro en psicoanálisis, Amorrortu, 1996.

________ (1997), Le Primat de l’autre en psychanalyse, Paris, Flammarion, «Champs».

________ (1999), Entre seducción e inspiración: el hombre, Amorrortu, 2001.

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