Madrid, 21 del 04 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

La situación antropológica fundamental de Jean Laplanche y el concepto de intersubjetividad en el desarrollo neonatal: puntos de contacto *
Monique Bydlowski

 

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La confrontación heterogénea entre el adulto y el niño, el concepto de situación antropológica fundamental, la renuncia a la teoría de los fantasmas originarios, la hipótesis de un inconsciente diferente del inconsciente sexual reprimido, son ideas innovadoras de Jean Laplanche que se han visto enriquecidas en las últimas décadas gracias a las experiencias procedentes de trabajos de investigadores con horizontes distintos.

Por una parte se trata de psicoanalistas que, trabajando sobre el terreno mismo en los hospitales de maternidad[1], constataron el estado psíquico particular en el que se encuentran las mujeres embarazadas. A ellos se sumaron posteriormente quienes realizaron observaciones de bebés y de la interacción temprana madre-bebé, expertos en psicología y psicomotricidad en el curso del desarrollo temprano[2]

Por otra parte, nos referimos a los psicoanalistas clínicos del desarrollo que se interesaron por la infancia temprana (además de D.W. Winnicott[3], citamos a E. Bick[4], D. Meltzer[5] y B. Golse[6]), así como al encuentro de sus ideas con las de los etólogos, los primatólogos[7] y los investigadores de las neurociencias (Rizzolatti, V. Gallese), quienes renovaron las bases de la empatía y descubrieron las neuronas espejo.

La lista de estos autores está lejos de ser exhaustiva, pero todos contribuyen al conocimiento de la especificidad del vínculo temprano que se desarrolla entre la joven madre y su recién nacido en condiciones habituales.

Acerca de la joven madre

El cuidadoso examen de los movimientos psíquicos de la mujer encinta y de la joven madre ha evidenciado que un estado interior singular se instala desde el inicio del embarazo y culmina alrededor de los primeros días del postparto, durante el blues post natal habitual que dura algunos días y que preside la instauración de los primeros intercambios con el recién nacido. 

Se trata de un estado psíquico particular al que hemos llamado “transparencia psíquica”[8], ligado a la gestación y marcado por la irrupción en la conciencia de antiguos recuerdos a menudo olvidados y a veces traumáticos. La transparencia psíquica es de fácil localización desde las primeras semanas del embarazo, pues el equilibrio habitual de la joven madre ha sido socavado e implica el desarrollo de un estado relacional particular, un pedido de ayuda latente, ambivalente y casi permanente, similar al de la adolescencia. También evocan a la adolescencia la particular autenticidad del psiquismo, así como un cierto radicalismo. En estas jóvenes, la reactivación del pasado es excepcional: durante este periodo, antiguas reminiscencias y fantasmas normalmente olvidados convergen con fuerza en la memoria sin ser bloqueados por la censura. De esta forma establecen sin dificultad una correlación evidente entre la situación de gestación actual y los recuerdos de su pasado. La intensidad del resurgimiento de fantasmas y recuerdos en forma nostálgica contrasta con la ausencia de un discurso razonable sobre la realidad del feto.

La explicación de esta transparencia psíquica poco común parece encontrarse en un doble mecanismo constituido, de un lado, por la disminución de las resistencias usuales frente a la represión sexual inconsciente y, de otro, por el hiper-investimento de este nuevo objeto psíquico (el niño).

La mayor parte de las madres experimenta además una cierta retirada del mundo exterior: la actividad profesional, aun fuertemente investida, disminuye, así como las relaciones afectivas e incluso las pasionales. Los profesionales consultados sienten que las jóvenes que experimentan estas nuevas disposiciones tienen una enorme necesidad de contar con la ayuda de un referente sólido y benevolente, lo que también resulta una condición favorable para construir una alianza terapéutica.

La actualización de antiguos recuerdos de la joven, así como de sus propias experiencias postnatales soterradas, hace que los intercambios con el bebé sean particularmente intensos desde el nacimiento. En condiciones de buena salud, esta intensidad culmina con el blues de algunos días que acompaña a la mayoría de nacimientos.

Se ha demostrado también que durante las primeras semanas después del nacimiento, debido al déficit intersubjetivo[9], la joven madre debe recurrir a sus propios recursos psíquicos y a su capacidad interpretativa, descrita como la «preocupación maternal primaria» (D.W. Winnicott).

Esa situación excepcional explica la vulnerabilidad particular del periodo posterior al nacimiento y la importancia del riesgo de depresión.

Ahora se sabe que la ausencia de blues, así como la aparición de un humor depresivo post natal, son factores de riesgo mayor para el establecimiento de las interacciones madre-bebé y para el propio niño.

Por su parte, W.R. Bion alude a la presencia de un reflejo de empatía en la joven madre que él llama «rêverie»[10]. De esta manera explica que, en el desarrollo normal, el recién nacido se encontraría seguro en el interior de la «matriz» de la mente materna, del mismo modo que cuando estaba en el interior de la matriz del cuerpo antes de su nacimiento psíquico.

Acerca del recién nacido. Nuevos trabajos y nuevos conceptos

 Todos los trabajos de los observadores y/o experimentadores buscan comprender cómo la vida psíquica inicial del bebé (sus primeras sensaciones, sus primeras percepciones y, luego, sus primeras representaciones) se enraíza en el contexto biológico, es decir, en el encuentro sensorial compartido con el «care giver» (usualmente la madre) durante los cuidados corporales.

Retomando los términos empleados por Jean Laplanche, se trata de una situación asimétrica, situación antropológica fundamental porque se encuentra en el origen del mundo humano y del desarrollo del psiquismo del niño.

La cuestión científica central será la de comprender las modalidades mediante las cuales se pasa desde la intersubjetividad a la construcción intrapsíquica.

Tras el dogma ya caducado de un «estado autístico primario»[11] e incluso de una indiferenciación primitiva o un mundo sin objeto[12], se sabe desde D.W. Winnicott que el bebé no existe solo y que, en realidad, se da la construcción de un universo interactivo entre los padres y el bebé en la vida cotidiana. Lo que organiza la epigénesis del desarrollo individual único es el contacto corporal que implican los cuidados maternales.

Para abordar este tema es necesario considerar algunos conceptos que describen las aptitudes seleccionadas en provecho de la especia humana a lo largo de la evolución. Consideraremos sucesivamente:

– La neotenia del cerebro humano y la importancia de la epigénesis, de la cual es consecuencia.

– El concepto de intersubjetividad (IS).

– La multi-sensorialidad del intercambio cuerpo a cuerpo entre la madre y el bebé.

La empatía y su base anatómico-fisiológica de neuronas espejo.

El estado del ser humano en el momento del nacimiento

 1)La neotenia de la especie humana crea una asimetría ontológica inicial. La neotenia se define como la persistencia de caracteres embrionarios en el estado adulto (esto es propio de algunas especies inferiores como el ajolote – una especie de pequeña salamandra muy conocida en la experimentación animal – o de las luciérnagas).

En el momento del nacimiento el cerebro humano se encuentra en un estado embrionario y todas sus potencialidades evolutivas, que posteriormente se desarrollarán durante la vida fuera del útero, estarán sometidas a los avatares del ambiente. Este hecho es probablemente consecuencia de la evolución (la permanencia de la bipedestación). El parto en la especie humana sobreviene después de cuarenta semanas de gestación, mucho antes de que se alcance la maduración cerebral fetal, que se completará recién alrededor de tres años más tarde en la vida extra-uterina. 

Esta disposición evolutiva particular relativiza las restricciones del plan de la genética y deja al desarrollo un lugar central en la epigénesis.

Entendemos por epigénesis el desarrollo cerebral motor y de la comunicación que solo puede sostenerse por los cuidados ambientales. Conocemos la catástrofe sobrevenida a los bebés humanos abandonados a su suerte (los niños salvajes) o privados de cuidados humanizantes (los niños de las guarderías rumanas de la época posterior a Ceaucescu). El desarrollo epigenético depende de los cuidados maternales y puede modificar considerablemente el programa genético inicial.  Según algunos primatólogos[13], la neotenia y la epigénesis explican las capacidades superiores de la especie humana respecto a sus primos los primates.

2) El equipamiento sensorial del feto madura progresivamente hacia la vigésimo quinta o la vigésimo sexta semana de gestación (momento de la viabilidad fetal). Este equipamiento sensorial incluye la audición, el gusto, el olfato y, sobre todo, las cenestesias superficiales y profundas, las percepciones rítmicas, táctiles, motrices e incluso sociales (imitación, sincronía tónica y propioceptiva). La observación de los prematuros en incubadoras muestra la riqueza de estas aptitudes sensoriales precozmente portadoras de posibilidades de comunicación. De este equipamiento pre-natal dependen también la regulación de los estados de vigilancia y la disposición al apaciguamiento.

Todas estas competencias sensoriales van a representar las herramientas principales de la comunicación del infans. Si son acogidas por un cuidador dotado de empatía, dichas competencias sensoriales activan el proceso de subjetivación recíproca.

3) A diferencia de los otros mamíferos, la explotación de este equipamiento traído por el bebé recién nacido requiere de varios años para estar a punto y ser eficiente. Al igual que un cosmonauta recién salido de su cápsula espacial, el recién nacido expulsado al mundo aéreo se encuentra todavía impotente en el plano motor, pero ricamente dotado de una sensorialidad múltiple (a lo anteriormente mencionado se añade la visión, que entra en funcionamiento desde el nacimiento en cuanto la retina encuentra la luz, su estímulo específico).

Esta sensorialidad fina, madura y múltiple va a ser la herramienta de comunicación con quien que lo cuida y lo sostiene.

La intersubjetividad

El concepto de intersubjetividad (IS) surgió en el campo de la psicología del desarrollo y de la psiquiatría del lactante. Los trabajos de D. Stern fueron determinantes al inicio. La IS constituye actualmente el concepto central para el estudio del desarrollo temprano.  Los trabajos recientes tratan de las condiciones de su elaboración o de su futuro fracaso[14]. Hasta ahora los psicoanalistas clásicos han mostrado poco interés por este concepto, enfocándose más en la dinámica intrapsíquica que en la dinámica interpersonal.

La corriente del psicoanálisis del «desarrollo», que podríamos llamar evolutiva o epigenética, considera que el campo de la IS es esencial para aproximarse a los mecanismos íntimos de la ontogénesis humana y al establecimiento de la psique. Según ésta, la IS es la aptitud que permite al futuro sujeto liberarse de la simbiosis original y tomar conciencia poco a poco de que él mismo y el otro no se encuentran fusionados, aptitud que se une a la de la empatía o la facultad de percibir lo que el otro siente.

Al cabo de algunos meses, gracias al establecimiento del «sentimiento de la continuidad de existir» (D.W. Winnicott) y basado en la experiencia de las ausencias maternas, el niño pequeño tomaría conciencia de que existe fuera de él un principio materno, que no está solo en el mundo (fantasma megalomaníaco) y  que existe una cierta distancia intersubjetiva.

Desde los primeros meses de vida, algunos signos comportamentales como la cooperación del bebé en los cuidados (comida-sostener el biberón, baño, cambios, etc.), que van más allá de simples conductas de imitación, marcarían el acceso gradual a la intersubjetividad. Las conductas de cooperación son con frecuencia emocionantes para el adulto que las observa, pues incitan a pensar que el bebé se ha vuelto capaz de otorgar intencionalidad al otro. 

La IS condicionaría también la aparición del lenguaje, pues no habría lenguaje posible en tanto el futuro sujeto se encuentre pegado al otro, sin una zona de «transicionalidad» (D.W.Winnicott).

Trabajos más modernos intentan modelizar la emergencia de la intersubjetividad en el intercambio multi-sensorial de los cuidados maternos[15].

Si bien para algunos[16] la intersubjetividad (IS) es una aptitud primaria innata mientras que para otros se adquiere precozmente por medio de islotes fugaces y confluyentes, en todos los casos su emergencia progresiva reposa sobre el intercambio sensorial creado por la interacción cuerpo a cuerpo necesaria para los cuidados del bebé, así como sobre la necesidad absoluta que tiene el infante de un objeto contenedor.

Como explica E. BIck: «En el estado no integrado del inicio de la vida, la necesidad de un objeto contenedor produce una búsqueda frenética de un objeto (luz, voz, olor o cualquier otro objeto sensorial) que pueda sentirse transitoriamente como lo que mantiene unidas las partes de la persona»[17].

Una necesidad importante sería la sincronía multisensorial. En efecto, los trabajos cognitivistas proporcionan una hipótesis fecunda: según éstos, ningún objeto puede ser percibido como exterior si no es aprehendido simultáneamente al menos por dos modalidades sensoriales (por ejemplo, la vista y el tacto o cualquier otra combinación sensorial).  Así, la modelización recíproca sería un agente central del acceso a la IS.

De hecho, el intercambio multisensorial entre el bebé y su care giver (usualmente la madre) se hace primero según una co-modalidad perceptiva (por ejemplo por canales análogos en el intercambio de miradas o de contactos táctiles) pero pronto se desarrollará también, y sobre todo, por una trans-modalidad perceptiva. La trans-modalidad es la capacidad de transferir información sensorial recibida por un canal sensorial hacia otro canal. Por ejemplo, el canal sensorial visual puede transferir información al táctil produciendo una respuesta táctil a un intercambio de miradas, o también podría generar una respuesta motriz a través del pedaleo o el movimiento de la mano. El ejemplo histórico es el de «las dos tetinas»[18]: un mismo bebé ingiere dos leches de gustos diferentes con dos tetinas distintas (una de ellas es acanalada y la otra lisa) y enseguida reconoce y diferencia las dos tetinas. Ha habido una transferencia desde la percepción sensorial bucal y gustativa hacia la percepción visual.

Así, los procesos de subjetivación en la interacción temprana se presentan como una co-producción entre la madre y el bebé. Dichos procesos toman en cuenta simultáneamente las capacidades sensoriales (y evidentemente el equipamiento cerebral) del niño recién nacido y la vida inconsciente de la madre, que puede o no facilitar las co-modalidades perceptivas de acuerdo a la movilización psíquica que le suscite la presencia de su hijo.

Encontramos aquí la situación fundamental y podemos asimismo preguntarnos si el trabajo de la multi-sensorialidad fundadora de la intersubjetividad primaria no sería otra formulación del inconsciente amential, postulado por Jean Laplanche[19].

Finalmente, esta trans-modalidad perceptiva, que al parecer es necesaria para el desarrollo de la intersubjetividad, le haría falta al niño autista, quien no tendría acceso a ella por razones aún desconocidas.

En efecto, aunque estos procesos co-modales y trans-modales se desarrollan bien en la mayor parte de los casos, algunos niños se atascan, lo que conlleva riesgos autísticos y psicóticos. La clínica de estos estados es el origen de una rica enseñanza. He aquí un ejemplo de signos precoces de comunicación autista descritos por B. Golse: «El bebé (con riesgo de autismo) orienta todos sus investimentos hacia una misma modalidad sensorial, o cada uno de sus sentidos inviste un objeto diferente: su mirada capta un estímulo proveniente de una fuente, su oído percibe un estímulo proveniente de otra fuente, sus dedos palpan un objeto independiente de las dos primeras fuentes. No hay nada que haga la síntesis de los diferentes estímulos que recibe».

El mundo percibido de esta manera no tiene relieve ni volumen y queda reducido a una yuxtaposición de sensaciones.

En su novela El Perfume, Patrick Süskind describe de forma genial el paso perceptivo exclusivo por el canal olfativo como consecuencia de las particulares condiciones del nacimiento y la supervivencia post-natal de su héroe (entre los deshechos de un puesto de pescado), quien tendrá una vida de autista criminal[20].

Hipótesis recientes inspiradas por Piaget señalan asimismo la importancia del músculo estriado en la selección evolutiva hacia la comunicación. El músculo estriado es propio de los vertebrados. Este avance evolutivo (el paso de los invertebrados a los vertebrados) permite el uso de los músculos de la laringe y la emisión de los primeros gritos de llamada en la mayor parte de vertebrados y también en el bebé humano, precediendo a la comunicación sensorial.

La empatía

Otra aptitud animal seleccionada y cuya importancia es ahora reconocida es la de la empatía y las neuronas espejo[21]. Cedo aquí la palabra a Gilbert Diebold.

Algunos modelos clínicos

Desarrollados sobre el terreno de los cuidados tempranos, estos modelos apelan a la clínica transferencial y contratransferencial e informan por analogía sobre el desarrollo de la interacción entre la madre y su infans.

D.W. WInnicott y el concepto del momento sagrado

 Winnicott llama de esta manera a ciertos momentos iniciales del encuentro clínico entablado entre un psicoterapeuta y una diada madre-bebé. A menudo en el primer instante del encuentro, antes del intercambio de cualquier palabra, el bebé expresa un pedido de ayuda destinado a ese extraño desconocido, el terapeuta. Puede ser un gesto, una mirada o la emisión de un sonido. El pedido de ayuda, que incluso puede ser fugaz, es decisivo y no debería dejarse pasar, pues existe el riesgo de que no vuelva a producirse si no es comprendido inmediatamente desde el primer encuentro.

Lebovici y la cuestión de la empatía metaforizante

 Hacia el final de su carrera, cuando era presidente de la IPA y se convirtió en abuelo, Lebovici se interesó por las situaciones madre-bebé y tomó prestado de F. Varela el término de enactment. Recordemos que Varela creó el concepto de «cognición encarnada». Su idea es que sólo puede descubrirse el mundo por medio de nuestras interacciones con él, ya que seríamos incapaces de representar lo que es exterior a nosotros mismos. Según su propia metáfora, para el viajero no existe camino pre existente ya que el camino se hace al andar[22]

Siguiendo este planteamiento, Lebovici[23] toma prestado el término enactment para calificar ciertas actitudes completamente espontáneas del terapeuta confrontado a una diada madre-bebé; actitudes a veces fugaces e identificables solo gracias al registro en video.

Según esta concepción heurística, luego del primer encuentro, en este «momento sagrado» el terapeuta experimenta de forma empática una emoción muda, no verbalizada inmediatamente, que va a traducir en un acto (enactment).  Hará un gesto, producirá un sonido, una mímica, por debajo de toda palabra y toda reflexión.

Al hacer esto, el terapeuta se conduce exactamente como la joven madre confrontada por primera vez a su bebé, guiados el uno y el otro por su movimiento empático.

El concepto de enactment metaforizante del terapeuta nos informa sobre la calidad y la especificidad de la construcción progresiva del vínculo madre-hijo.

Acerca de la nueva madre

 El intercambio multi-sensorial es permanente durante los cuidados corporales y alimenticios brindados al bebé. Se trata de un intercambio modal y trans-modal por parte de los dos participantes en la interacción. Los enactments maternos repetidos muchas veces en la vida cotidiana expresan la movilización psíquica de la joven madre, producida a la vez por la experiencia de la gestación y la transparencia psíquica que ha atravesado, así como por el encuentro sensorial con el infans. Estos énactments son portadores de mensajes, enigmáticos tanto para el receptor (el niño) como para el emisor (la madre).

La joven madre está de alguna manera en “piloto automático”, respondiendo continuamente al infans a través de enactments que no pasan por la conciencia, el enunciado o la palabra.

Conclusiones

Jean Laplanche ha abierto el camino a trabajos posteriores, todavía en progreso, sobre la construcción del psiquismo humano en el campo de la observación naturalista dentro de una perspectiva científica, conforme al ideal freudiano y lejos de toda creencia dogmática.

 

Notas

*«La situation anthropologique fondamentale de Jean Laplanche et le concept d’intersubjectivité dans le développement néonatal: des points de contact », in C. Dejours y Felipe Votadoro (dir.), La séduction à l’origine. L’ouvre de Jean Laplanche, PUF, 2016. Traducción : Inés María Haya de la Torre.

[1] Véase M. Bydlowski, «La transparence psychique due à la grossese», in La Dette de vie. Itinéraire psychanalytique de la maternité, Paris, PUF, 1997; M. Bydlowski, Je rêve un enfant, L’expérience intérieure de la maternité, Paris, Odile Jacob, 2008.

[2] Véase T. B. Brazelton, «Échelle de Brazelton» (versión française), Neuropsychiatrie de l’enfant et de l’adolescent, 1983, vol. 31,nº2-3, p. 61-69; A. Bullinger, Le Développement sensori-moteur de l’enfant ett ses avatars, Toulouse, Érès, 2007; D. Stern (1985), El mundo interpersonal del infante, Barcelona, Paidós; C. Trevarthen, «Communication and cooperation in early infancy: a description of primary intersubjetivity», in M. Bullowa (dir.), Before Speech: The Beginnings of Human Communication, London, Cambridge University Press, 1979, p. 321-347; C. Trevarthen, K.J. Aitken, «Intersubjetivité chez le nourrison: recherche, théorie et application clinique », Devenir, 2003, vol. 15, nº4, p. 309-428.

[3] D.W. Winnicott, Escritos de pediatría y psicoanálisis, Barcelona, Paidós; Los procesos de maduración y el ambiente facilitador, Barcelona, Paidós.

[4] E. Bick, «Remarques sur l’observation de bébé dans la formation des analystes», Journal de la psychanalyse de l’enfant, 1992, nº12, p. 14-35.

[5] D. Meltzer, «Le conflit esthétique et son rôle dans le processus de développement», Psychanalyse à l’Université, 1988, vol. 13, nº49, p. 37-57.

[6] B. Golse, Du corps à la pensé, Paris, PUF, 1999.

[7] F. De Waal, L’Âge de l’empathie, Paris, Les liens qui libèrent, 2010; De Waal, Le Bonobo, Dieu et nous. À la recherche de l’humanisme chez les primates, Paris, Les liens qui libèrent, 2013; S.L. gould, Darwin et les grandes énigmes de la vie, Paris, Seuil, 1977.

[8] M. Bydlowski, «La transparence psychique due à la grossese», art.cit.

[9] J. Rochette, «La mélodie des émotions dans le post-partum immédiat», Spirale, 1997, nº44, p. 85-93.

[10] W.R. Bion, Aux sources de l’expérience, Paris, PUF, 1979.

[11] F. Tustin, Estados autísticos en los niños, Barcelona, Paidós, 1987.

[12] Spitz, R.A. (1957). No y sí: sobre la génesis de comunicación humana. Nueva York: Prensa de Universidades Internacional.

[13] S. J. Gould, op. cit.

[14] D. Meltzer, art.cit; B. Golse y M.R. Moro, Le Développement psychique précoce. De la conception au langage, Paris, Elsevier Masson, 2014.

[15] D. Meltzer, «Le conflit esthétique et son rôle dans le processus de développement», art. cit; B. Golse, Du corps à la pensé, op. cit.

[16] C. Trevarthen, «Communication and coperation in early infancy: a description of primary intersubjetivity», in M. Bullowa (dir.), Before Speach: teh Beginning of human Communication, Londres, Cambridge Unicersity Press, 1979, p. 321-347.

[17] E. Bick, «Remarques sur l’observation de bébé dans la formation des analystes», art.cit.

[18] D. Stern (1985), El mundo interpersonal del infante, op. cit.

[19] [Es C. Dejours quien acuña el término “inconsciente amential” (2001). Laplanche, retomará el concepto, con algunas diferencias, y optará por el término de “inconsciente enclavado”. N. de T.]

[20] P. Süskind, El Perfume. Historia de un asesino, Editorial Seix Barral: Barcelona, 1985/2008

[21] G. Rizzolatti, Las neuronas espejo, Barcelona, Paidós, 2006.

[22] F. Varela, E. Thomson, E. Rosch, L’inscription corporelle de l’esprit. Sciences cognitives et expérience humaine, Paris, Seuil, 1993.

[23] S. Levovici, «Empathie et “enactment” dans le travail de contre-transfert», Revue française de psychanalyse, 1994, t. LVIII, nº5, p. 1551-1562.

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