Madrid, 19 del 06 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

Jean Laplanche: corte, ruptura, après-coup(ura) en su obra*
Udo Hock

 

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Introducción

Dos años después de la muerte de Jean Laplanche en 2012 y siete años después de la aparición de su última gran obra –la recopilación de textos Sexual (2007), que en cierto modo marca el fin de sus publicaciones- el coloquio dedicado a su memoria se celebra aquí, en Cerisy. Aún es demasiado pronto para tomar plena consciencia de las repercusiones que su ausencia tendrá en la continuación de nuestros debates sobre psicoanálisis. Y todavía más difícil es que podamos tomar la distancia necesaria para emitir un juicio fundado y relativamente ponderado sobre las continuidades y descontinuidades, sobre los cortes y hasta las rupturas al interior de su obra. El periodo de sus escritos – casi 50 años- fue muy vasto, los años de nuestra colaboración –una veintena- bastante numerosos  y el recuerdo de nuestros encuentros todavía está demasiado vivo como para llevar a cabo la catalogación y la historización de su pensamiento.

Además de la insuficiente distancia por relación a la vida y la obra de Jean Laplanche, existe un segundo factor que viene a complicar considerablemente cualquier labor de cartografía y periodización de sus trabajos. Mediante su lectura de Freud, el propio Laplanche ilustró de manera exhaustiva y continua lo que implica el enfoque psicoanalítico del legado de un gran pensador. Al volcarse a  «Interpretar [con] Freud», como lo expone en su artículo del mismo nombre, no solo introduce un sistema metódico de coordenadas para transferir el procedimiento psicoanalítico al estudio de los textos, sino que además muestra concretamente cómo llevar a cabo ese proceso. Se atribuye una importancia particular a la «atención flotante»: durante la escucha del paciente ningún elemento debe prevalecer sobre otro, ni evaluarse precipitadamente. Es fácil encontrar en Laplanche diversos pasajes que confirman la aplicación de esta consigna metodológica en su propia lectura de la obra freudiana. En «Interpretar [con] Freud» escribe: «Surcar la obra en todos los sentidos sin omitir ni privilegiar nada a priori, es tal vez para nosotros el equivalente de la regla fundamental de la cura. Una vez que ésta ha sido formulada y aplicada, podemos hallar en la obra numerosos mecanismos o procedimientos inconscientes descubiertos por la interpretación psicoanalítica de la neurosis o los sueños» (1).

En el prefacio de Vida y muerte en psicoanálisis, señala explícitamente la necesidad de una lectura de los escritos freudianos que sea lo más fiel posible  al texto, a la palabra y a la letra, según el modelo del procedimiento  a seguir particularmente para la interpretación del sueño (2). En otros términos, en esos pasajes Laplanche evoca una lectura de la obra freudiana centrada en el significante y que, en un primer tiempo, suspende todo juicio relativo al sentido o al sinsentido.

En este contexto, frente a esta advertencia implícita respecto a emitir un juicio demasiado apresurado sobre una obra (sus rupturas, sus continuidades, etc.) en lugar de explorar pacientemente su textura, decidí proceder en dos tiempos. Apoyándome en un texto de Laplanche, comenzaré por examinar su posición frente a las evoluciones inherentes a la historia del pensamiento psicoanalítico y, por eso mismo, frente al pensamiento freudiano. Este estudio parte de la premisa de que sus conclusiones, así como la teoría del conocimiento en la que se basan, ofrecen un modelo para apreciar con precisión las líneas de desarrollo y las rupturas en la obra de Laplanche, lo que intentaré hacer en la segunda parte de esta exposición.

¿Cómo pensar la historia de una obra?

En varios de sus textos, Laplanche esboza todas las cuestiones epistemológicas  planteadas más arriba en torno a la historia de una obra y a su consistencia interna. Además de los textos ya mencionados,  lo hace particularmente en los pasajes introductorios  de las Problemáticas (I-VII), donde reflexiona sobre el desarrollo del pensamiento (el de Freud, sin duda, pero implícitamente también el suyo propio). Me interesa sobre todo la introducción  de las Problemáticas I, La angustia (1980), que también sirve como introducción general a la enseñanza de Laplanche en la Universidad. Ese texto de diez páginas tiene, pues, un valor propedéutico para los veinte años universitarios que seguirán. Aunque fue escrito en noviembre de 1970, no ha perdido nada de su brillo y de su actualidad a propósito del tema que nos ocupa. Se trata de un texto atemporal, en el mejor sentido del término. Claro que «tiene el sello de su época: se inscribe en las circunstancias de su publicación y en su propio movimiento», como escriben Laplanche y Pontalis (1985) en un post-scriptum a propósito de su texto «Fantasma originario, fantasmas de los orígenes, orígenes del fantasma». Sin embargo, de ningún modo  podemos decir que ha «perdido vigencia» (3). Ese texto introductorio podría calificarse de «acrónico» más que de «anacrónico». Un pasaje que por lo demás habla justamente del cronos, del tiempo o, más precisamente, de «categorías temporales descubiertas por el freudismo: la noción de repetición, la noción de ocultamiento o de represión, la noción de retorno de lo reprimido y, aún más tal vez, la noción de après-coup» (4). Pero Laplanche no se detiene ahí. Además de estos conceptos metapsicológicos bien conocidos, también se refiere a figuras espacio-temporales que desde entonces cobran importancia para él cuando intenta  caracterizar su trabajo de lectura: en primer lugar la espiral, el retorno y el recurso a Freud pero también el retorno sobre Freud, punto sobre el que volveré. Pero antes quisiera llamar la atención sobre un pasaje donde él mismo habla de «corte», o más bien de «corte epistemológico», una noción que toma de Luis Althusser diferenciándola claramente del concepto freudiano de après-coup. ¿En qué se distinguen ambos términos? A través de su concepto, Althusser buscaba señalar la brecha insuperable entre los escritos filosóficos del joven Marx y los escritos científicos de su segundo periodo creativo. Laplanche señala que tal epistemología implica necesariamente una «ruptura dialéctica definitivamente consumada con el pasado» (5) y por lo tanto un progreso, aunque sea discontinuo, en la historia de las ciencias. Por el contrario, el après-coup rompe con todo pensamiento que busque instalar algún tipo de desarrollo (político, económico, filosófico, epistemológico o psicológico) en el curso histórico de una cosa. Laplanche se refiere al après-coup en este contexto epistemológico del mismo modo que en la cura: se trata de evitar toda causalidad lineal según la cual el antes determina el después, pero también toda ilusión retroactiva que busque interpretar el antes según la trama del después, usando de preferencia el prefijo «pre». Desde esa perspectiva, lo edípico sigue a lo pre-edípico y lo genital a lo pre-genital, como si desde un punto de vista retrospectivo fuera evidente  que las cosas desembocan en el estado actual.

Pero la historia de una obra se caracteriza por la misma dialéctica que subyace a toda vida individual. Dialéctica de un demasiado pronto (de ciertos descubrimientos cuyo alcance es incomprensible) y de un demasiado tarde (de ciertas conclusiones que hubieran podido impedir fracasos). Tomemos como ejemplo la manera en que Laplanche estableció el fundamento de su propia doctrina psicoanalítica, a saber, la teoría de la seducción generalizada (TSG). Su punto de partida es precisamente la teoría de Freud, que califica como teoría de la seducción «restringida», esa teoría que la mayoría de colegas de la comunidad analítica consideran como perteneciente a un periodo pre-psicoanalítico y cuyo abandono y rechazo marca, para ellos, el comienzo y la apertura de la historia del psicoanálisis. Dicho de otro modo, ahí donde la historia oficial del psicoanálisis (y sabemos hasta qué punto el propio Freud influenció y hasta determinó esa historia oficial mediante sus textos explícitamente históricos) coloca un corte epistemológico evidente para marcar el progreso en el conocimiento del inconsciente, Laplanche reconoce más bien el comienzo de un declive subterráneo de ese conocimiento, con el riesgo de perder de vista la prioridad del otro sexual inherente a la teoría de la seducción freudiana.  Como sabemos, en esa teoría él encuentra  varias palabras-clave que aparecen demasiado pronto como para ser inmediatamente comprendidas en toda su riqueza (après-coup, traumatismo en dos tiempos, traducción, etc.) y que son redescubiertas demasiado tarde como para ser integradas en el curso de la historia del psicoanálisis.

La espiral

Más que un corte epistemológico, para designar la temporalidad propia a la historicidad freudiana contamos con la categoría del après-coup: el golpe (coup) o el corte (coupure) siempre vienen después, por lo que podría añadirse, o más bien acuñarse,  el término «après-coupure (6)» (7). Ahora examinemos la relación de esta noción con una segunda figura espacio-temporal muy importante para Laplanche: la espiral. En ese mismo texto de 1970 -la introducción a su enseñanza universitaria- se refiere a ella varias veces sin que podamos decir con certeza si se trata de la primera vez que la evoca, y ello justamente porque él mismo avanza en espiral. «Movimiento en espiral» (8): estas expresión designa, en primer lugar, el hecho de que el propio Freud retorna regularmente sobre sí mismo para escribir y rescribir su propia historia con todas las deformaciones que ello implica, por ejemplo su omisión de descubrimientos que había presentado tiempo atrás. Pero con el tiempo la espiral se convierte en la palabra-clave para caracterizar su propia marcha metodológica. En cierto modo esta figura encarna lo que Laplanche llamó repetidas veces (una vez más, en espiral) la «dialéctica psicoanalítica» y que define así: «La dialéctica psicoanalítica  […] esmucha repetición y algunas zafadas. Mucha repetición y de repente uno se encuentra en otra órbita» (9). De modo que a través de esta imagen Laplanche conjuga lo idéntico y lo diferente: es cierto que hay mucha repetición, por lo que es necesario retomar los mismos temas y los mismos problemas, pero ese procedimiento apunta justamente a no quedarse en la repetición, o incluso en la «obstinación».  Si se vuelve a pasar «a intervalos regulares por la vertical del mismo problema», es para enriquecerlo a cada vuelta, para cambiarlo en sus propias premisas (10). Y en este contexto, veinte años después de la introducción de sus cursos universitarios, en la Advertencia de las Problemáticas VI sobre el après-coup, Laplanche ya ni siquiera duda al hablar de «progreso»: «Pero cada vuelta de espiral “se desprende” de la anterior; ella marca un progreso» (11). Aquí no deseo profundizar en la cuestión de saber si la espiral implica necesariamente un movimiento de progreso (12). Se trata de una figura matemática compleja que posee dos o tres planos/dimensiones y que pienso que ofrece diferentes posibilidades de interpretación, sin estar necesariamente ligada a algún progreso. Sí, «tal vez podemos decir que nos encontramos en otra órbita», pero ¿se trata necesariamente de un nivel superior?

Si  por ejemplo observamos la forma en que Laplanche se refiere a la obra freudiana, constatamos que implícitamente enfatiza la pérdida al menos tanto como el progreso en el desarrollo de la misma. Es por ello que en su análisis de los textos freudianos llega incluso a hablar de «extravío»  o,  más precisamente, de «extravío biologizante de la sexualidad». Por lo tanto, Laplanche no retrocede ante una expresión que indica claramente que no sigue a Freud en ese camino (13). De todos modos, salvo error de mi parte, Laplanche se apoya mucho más en los primeros textos de Freud que en los últimos y, evidentemente, son esos primeros textos los que constituyen el punto de partida para la génesis de su propia teoría de la seducción generalizada. Pienso especialmente en el «Proyecto de psicología científica»,  La interpretación de los sueños y, sobre todo, Tres ensayos de teoría sexual, sin olvidar las cartas a Fliess, absolutamente centrales en la elaboración de su pensamiento. Quiero añadir, además, que las nociones freudianas cruciales en las que se basa Laplanche para construir su propia teoría se encuentran esencialmente en el primer periodo de Freud: traducción, après-coup, apuntalamiento (con las reservas formuladas posteriormente), sexualidad infantil, seducción, traumatismo en dos tiempos, etc. Por el contrario, su crítica se refiere a menudo a las revisiones posteriores  de Freud a esas primeras obras, a través de las cuales se prioriza una cierta tipicidad y un cierto simbolismo en el lenguaje del sueño y en la sexualidad infantil. Luego desarrollaré más exhaustivamente este punto.

Por lo demás, se trata del reproche central que se hace a Laplanche en Alemania y que puede leerse en un artículo del psicoanalista kleiniano Wolfgang Hegener: Laplanche habría sobrestimado el primer Freud, el Freud inicial que elabora sobre todo la teoría de la sexualidad infantil, en detrimento del último Freud, que enfatiza las cuestiones de la destructividad y la violencia, del clivaje del yo, de las resistencias a la curación, de las patologías en torno al superyó, etc. Hegener apela a una reactualización del debate entre la escuela kleiniana y la escuela laplanchiana (si existe una), que propone llamar «New Controversial Discussions» (14). Aunque interesante, su crítica no me parece del todo pertinente, pues en el fondo se trata de la eterna pregunta sobre la naturaleza de la pulsión de muerte, y la diferencia entre Klein y Laplanche puede formularse más claramente -también en el plano epistemológico- si nos referimos a ella. Mientras para Klein y los kleinianos la pulsión de muerte es un concepto tardío que finalmente reevalúa la fuerza  destructiva inherente al psiquismo humano (y cuya descripción más clara se encuentra en el último periodo de la obra de Freud), Laplanche es mucho más reticente respecto a esa epistemología lineal según la cual lo anterior se entiende por lo posterior. Para él, la pulsión de muerte no introduce una novedad y, por lo tanto, no es otra invención de Freud sino más bien una reafirmación del aspecto demoníaco de la sexualidad humana (15), que Freud corre el riesgo de olvidar en las revisiones sucesivas que aporta a su concepto de pulsión.

¿Cómo pensar las rupturas en la obra de Laplanche?

Ahora quisiera abordar dos cuestiones: ¿podemos constatar la existencia de momentos de ruptura en la obra de Laplanche? Y, si es así, ¿cómo entender esos cambios de perspectiva? Tanto la espiral como el après-coup -que abre el pasado no solo al presente sino también al futuro- favorecen la continuidad sobre la discontinuidad y la ruptura, conjugando pasado, presente y futuro de un modo singular. Pero ello no significa que no encontremos rupturas en la obra de Laplanche (el propio Laplanche se refiere a ellas);  se trata  de entender cómo pensar esas fisuras que encontramos en su texto a través de las décadas. Estoy totalmente de acuerdo con Vladimir Marinov cuando distingue tres momentos de ruptura en la obra de Laplanche, que corresponden a tres periodos sucesivos:

1.La ruptura con Lacan en 1964, que es perfectamente conocida y reconocida (exceptuando algunos detalles) en primer lugar por el propio Laplanche. Ella marca el fin de un primer periodo de trabajo en el que Laplanche intentaba responder a preguntas planteadas por Lacan, alejándose a veces de las vías lacanianas: la relación entre el nombre del padre y la psicosis (véase su libro sobre Hölderlin, de 1961), la relación entre inconsciente y lenguaje (véase «El inconsciente: un estudio psicoanalítico», de 1960) y la relación entre el estructuralismo y el psicoanálisis (véase el artículo «Fantasma originario, fantasmas de los orígenes, orígenes del fantasma», de 1964).

2. Al separarse o, más precisamente, al emanciparse de Lacan, Laplanche comienza a hacer trabajar a los textos de Freud para que las contradicciones internas que les son inherentes aparezcan y, a diferencia de la teoría de Lacan, puedan ser reelaboradas sin superestructura visible. Pero ¿desde qué perspectiva emprende este trabajo? ¿Encontramos premisas clandestinas que dirigen su pensamiento durante el periodo comprendido entre la pérdida de la orientación lacaniana y la formulación de su propia teoría? ¿Qué es lo que guía el pensamiento de Laplanche durante ese intervalo entre Lacan y la TSG? Más adelante volveré sobre estas cuestiones.

3. Luego viene la fase de la TSG. Esta tercera etapa, que comienza a más tardar a mediados de la década de 1980, conduce al proyecto ambicioso de aportar al psicoanálisis unos nuevos cimientos que finalmente llama «Teoría de la seducción generalizada». La publicación de Nuevos fundamentos para el psicoanálisis (16) marca esta fase de forma decisiva. Esta obra, cuyo valor de manifiesto ya se anuncia en el título, expone ni más ni menos una nueva base del psicoanálisis. Ahí Laplanche intenta ir más allá de las modificaciones locales para crear un nuevo paradigma que se aplique tanto a la teoría como a la práctica psicoanalítica. Se imponen dos observaciones. Por un lado, a partir de esta teoría Laplanche utiliza cada vez más frecuentemente sus propios conceptos, forjados en el transcurso de los años anteriores o que descubrirá y elaborará en los años siguientes: situación antropológica fundamental, mensaje enigmático, inconsciente enclavado, inconsciente mito-simbólico, mensaje comprometido, cubeta, transferencia en hueco/en pleno, objeto-fuente, etc. Por otro lado, critica de manera particularmente insistente ciertos axiomas de Freud, oponiéndose especialmente a tres tesis freudianas cargadas de consecuencias: a) la tesis biológica: ni el inconsciente, ni la pulsión, ni la sexualidad infantil son innatos sino que los tres se originan en cada historia individual; b) la tesis filogenética: no existe un inconsciente filogenético ni fantasmas originarios filogenéticos; c) la tesis mitológica: tampoco existe un inconsciente mitológico o transindividual, como se presupone sobre todo en las teorías de los complejos (especialmente los de Edipo y castración) elaboradas por Freud.

Ahora pasemos a examinar cómo concebir los cambios de perspectiva que implican esos tres momentos de ruptura.

1.En varias ocasiones, el propio Laplanche comentó su relación con Lacan. En vez de reunir todos sus testimonios personales, prefiero centrarme en un pasaje particularmente revelador donde habla explícitamente de «ruptura» en el contexto de su relación con Freud y con Lacan. Se trata, una vez más, de uno de esos pasajes introductorios a la teoría del conocimiento en sus Problemáticas –a las que también llamaba «las vueltas de [su] espiral» (17) – y, más precisamente, de la introducción de Problemáticas IV. El inconsciente y el ello (1981). Una característica de la publicación de ese seminario es que incluye como complemento el artículo «El inconsciente: un estudio psicoanalítico», texto que resulta de la fase que se extiende entre fines de la década de 1950 y comienzos de la década de 1960, y durante la cual Laplanche aún designa a Lacan como « [su] profesor en psicoanálisis» (18). Ahí define muy precisamente lo que entiende por «exigencia» («una temporalidad en la que está permitido introducir algo como una dialéctica (19) »), para centrarse finalmente en las eventuales «rupturas» al interior de su propia obra. En el mismo pasaje y siempre en referencia al texto de 1959, afirma que «una exigencia no excluye la ruptura», señalando más de una vez que «romper» y «reanudar» van de la mano. «Rompo, pero mantengo el hilo», escribe, para finalmente pasar al tema de la espiral en el curso siguiente. En otros términos, también inscribe su texto anterior, procedente de la fase lacaniana, en un movimiento que no deja de afrontar las mismas problemáticas y los mismos cuestionamientos, aunque buscando introducir un cambio de nivel en vez de dar vueltas en círculo. Así, colocando la ruptura dentro de un movimiento esencialmente definido por los conceptos de «exigencia» y de «espiral», Laplanche consigue integrar momentos discontinuos en el seno de un movimiento dialéctico. Y es precisamente desde esta perspectiva que me gustaría interpretar la ruptura de Laplanche con Lacan: aunque podemos identificar claramente un momento de ruptura cuando Laplanche deja de preocuparse por la continuidad entre Freud y Lacan (20), no es menos cierto que sigue vinculado a Lacan en muchos aspectos,  tal vez incluso en los axiomas decisivos de su teoría (21).

2. Quisiera marcar el inicio de esta segunda fase del pensamiento de Laplanche en el Diccionario de psicoanálisis (1967), incluyendo en ella tanto Vida y muerte en psicoanálisis (1970) como las Problemáticas I-V ya mencionadas, sin olvidar los numerosos artículos que escribió en paralelo. Las Problemáticas VI y VII, escritas algunos años después de Nuevos fundamentos para el psicoanálisis (1987), no pueden ser integradas en este periodo particular, que antecede a la formulación de la TSG. Por una cuestión de claridad, para caracterizar esta época me concentraré principalmente en Vida y muerte en psicoanálisis. Ya en el Diccionario de psicoanálisis, Laplanche y Pontalis no pretenden exponer el pensamiento de Freud silenciando sus contradicciones, sino que más bien tienden a hacer aparecer los conflictos subyacentes que se encuentran en su base. Con Vida y muerte en psicoanálisis Laplanche subjetiviza de manera decisiva su trabajo anterior sobre Freud y con Freud. Su meta ya no es analizar la totalidad de las nociones psicoanalíticas ni exponer cómo fueron abordadas por Freud en su propio trabajo de conceptualización; lo que busca desde entonces es volver a Freud a través de un recorrido personal –después de haberse emancipado de su «profesor» Lacan- para así tomar decisiones capitales que, décadas más tarde, continuarían orientando sus intereses en materia de método y de contenido. Durante este proceso Laplanche nunca recurre a la persona de Freud como figura de autoridad, sino que más bien hace prevalecer el texto freudiano mismo, y ello también cuando se trata de socavar declaraciones de un valor demasiado concluyente: esos «magisterial pronouncements», como los llama Jeffrey Mehlman ( el traductor americano de la obra (22)). Dicho de otro modo, Vida y muerte en psicoanálisis procede a un cuestionamiento de la autoridad de Freud al menos tanto como a su afirmación (23). En lo que respecta al contenido, Laplanche progresa a lo largo de una línea directriz axiomática: identifica a la sexualidad como el domino propio del psicoanálisis.   Todos los capítulos del libro  se desarrollan en torno a la cuestión de la definición de lo sexual  en psicoanálisis y para el psicoanálisis. Encuentra su material incluso ahí donde, en otros discursos psicoanalíticos, se atribuye a la agresión y la destrucción un valor explicativo superior al de la sexualidad, apareciendo de algún modo como «causas últimas» ineluctables (Freud).  Así, este libro ya permite reconocer el advenimiento de la primacía de lo sexual en Laplanche, que se acompaña de una discusión sobre la importancia del otro en el nacimiento de la sexualidad humana. Estos planteamientos parecen sorprendentemente cercanos a los formulados posteriormente en la TSG. Por ejemplo, al comienzo del capítulo III, como resumen de los capítulos precedentes, leemos: « […] la sexualidad –siempre tomando este término en su acepción “generalizada”- aparece, por así decirlo, implantada en el niño a partir del universo parental, de sus estructuras, sus signficaciones y sus fantasmas» (24). Es importante notar que aunque en esta obra Laplanche se apoya fuertemente en la noción de apuntalamiento para conceptualizar el origen de la sexualidad humana, no deja de otorgar al otro adulto el lugar que le corresponde en ese proceso. De modo que sería interesante examinar  cómo la noción de apuntalamiento  (que más tarde Laplanche considerará demasiado ptolemaica y biológica) puede articularse, desde Vida y muerte en psicoanálisis, con la idea de la prioridad del otro sexual. Las dos perspectivas –apuntalamiento e implantación- ¿son discordantes o complementarias?

3. Las tres tesis sobre el inconsciente mencionadas más arriba y a las que Laplanche se opuso –las tesis biológica, filogenética y mitológica- son difíciles de distinguir claramente entre sí. A menudo lo filogenético y lo mitológico mantienen una relación directa con lo biológico-innato. El ejemplo por excelencia es el complejo de Edipo: es filogenético en tanto fantasma originario transmitido filogenéticamente, mitológico porque remite a los tiempos míticos de Totem y tabú, y biológico-innato porque existe independientemente de las experiencias acontecidas en la historia individual. Lo filogenético, en el sentido freudiano del término, me parece ser sinónimo de innato colectivo. Pero también es necesario observar diferencias entre esos dominios. Cuando Freud llama a la teoría de las pulsiones «nuestra mitología (25)» no se refiere a que la pulsión esté sostenida en lo endógeno o en un filogenético innato, sino que más bien señala la imposibilidad de conceptualizar exhaustivamente la noción de pulsión. El pasaje central es el siguiente: «La teoría de las pulsiones es, por así decir, nuestra mitología. Las pulsiones son seres míticos, formidables en su imprecisión. En nuestro trabajo no podemos prescindir de ellas ni un solo instante y, sin embargo, nunca estamos seguros de verlas claramente» (26). Así, este pasaje señala que el pensamiento mítico no necesariamente es un pensamiento transindividual; en este contexto particular, marca el límite de un pensamiento científico que pretende en vano alcanzar la claridad que tanto valora.

Sin embargo, Laplanche retoma este tema del mito principalmente en su  crítica de un inconsciente antropológico que sería común a toda la humanidad desde su origen –digamos, un inconsciente no reprimido-, que él rechaza obstinadamente. En su artículo «El psicoanálisis: mitos y teoría» (27) Laplanche se pronuncia contra toda adecuación del psicoanálisis a un pensamiento mítico, distinguiendo claramente la teoría psicoanalítica de los relatos mitológicos. Para él, el mito aparece en la obra de Freud con lo simbólico y lo típico de los sueños, así como con las así llamadas teorías de los complejos (Edipo, castración, etc.). Fenómenos culturales transindividuales que reintroducen de algún modo las antiguas «claves de los sueños» (28) permitiendo una decodificación del inconsciente «a libro abierto» (29), es decir, sin considerar las asociaciones libres del paciente. Laplanche creó la noción de mito-simbólico justamente para adjudicar al mito y a la lectura simbólica el lugar que les corresponde, a saber, el de un esquema narrativo ofrecido por una cultura para traducir los mensajes enigmáticos provenientes del otro. Esta noción de «mito-simbólico» acerca dos vertientes del psicoanálisis: la mítica, por un lado,  y la simbólica, por otro. El aspecto mítico ya había sido analizado por él dos años antes en el artículo «El psicoanálisis como anti-hermenéutica» (30). En ese texto critica enfáticamente las supuestas innovaciones aportadas por Freud -junto con Stekel, Jung y Rank- a la teoría del sueño, introduciendo como añadidos a la Traumdeutung ciertos capítulos o pasajes sobre el simbolismo en el sueño (véase especialmente el capítulo «Sueños típicos» y el sub-capítulo «La representación por símbolos», incluidos íntegramente en la Traumdeutung en 1914).

Por lo demás, esta misma crítica radical se dirige hacia los añadidos posteriores de los Tres ensayos de teoría sexual, sin duda el texto más importante para la elaboración de la TSG. Si por ejemplo comparamos su lectura de los Tres ensayos tal como la presenta en Vida y muerte en psicoanálisis (1970) con su texto «Los tres ensayos y la teoría de la seducción» (2005) (31), percibimos fácilmente cómo el tono de su crítica cambia con el paso de las décadas. En ambos textos Laplanche se interesa particularmente por las diferentes versiones de esa obra, descubiertas en las reediciones de 1910, 1915, 1920 y 1924. Pero el resultado de esas lecturas es claramente divergente. En 1970 escribe: «Son estos agregados y estas revisiones los que mejor permiten jalonarla evolución y el enriquecimiento de la teoría de la sexualidad» (32). Treinta y cinco años más tarde, esta consideración de las transformaciones sucesivas del texto en cierto modo desaparece. En el texto de 2005 puede leerse: «Estamos en presencia de un ser heterogéneo, una esfinge enigmática y seductora. Pero no crean que las partes añadidas en las ediciones siguientes vendrán a aclarar las cosas. Solo harán forzarán las entrada de un esquema histórico-genético…» (33). Así, descubrimos la misma actitud crítica hacia las versiones ulteriores de la Traumdeutung y de los Tres ensayos, que privilegian un inconsciente anclado  sea en lo mito-simbólico (el simbolismo del sueño), sea en lo endógeno (los estadios).

No diré nada más en apoyo de mi tesis según la cual Laplanche refuerza su crítica de Freud a partir de la TSG, poniendo el acento en los primeros descubrimientos de Freud en detrimento de los últimos. Si aprecia especialmente los primeros es porque contienen el germen de los dos axiomas que constituirán la base de su propia teoría sobre el inconsciente: la prioridad del otro y la prioridad de lo sexual. Esta prioridad del otro sexual en el origen del inconsciente, descubierta demasiado pronto como para que Freud haya podido elaborarla en todo su alcance, tiene para Laplanche un valor fundamental para la continuación de la teoría freudiana, pero también de la historia del psicoanálisis. Los movimientos de espiral y de après-coup parecen ser los más apropiados para unir el antes y el después superando todo pensamiento lineal, inadecuado en una teoría del inconsciente. Percibo a este nuevo Freud, renovado por Laplanche y su TSG, como menos heterogéneo y más científico, menos especulativo y más racionalista (34). Para nosotros, que trabajamos a partir de los aportes de Jean Laplanche, es esencial examinar si – y cómo- ese racionalismo en psicoanálisis puede aportar una respuesta a los cuestionamientos que Freud nos legó en torno al inconsciente.

 

Notas

* «Jean Laplanche : coupure, rupture, après-coup(ure) dans son œuvre», en Christophe Dejours y Felipe Votadoro (dir.) La séduction à l’origine. L’œuvre de Jean Laplanche, PUF, 2016. Traducción: Deborah Golergant.

(1) J. Laplanche, «Interpretar [con] Freud», en Interpretar [con] Freud y otros  ensayos, Buenos Aires: Nueva Visión, 1978, p. 33.

(2) Vida y muerte en psicoanálisis, Bs Aires: Amorrortu, 1973, p. 11.

(3) J.Laplanche & J-B. Pontalis, «Fantasme originaire, fantasmes des origines, origines du fantasme»(1964), Paris, Hachette, 1985, p. 7.

(4) J.Laplanche, La angustia. Problemáticas I, Bs Aires: Amorrortu, 1988, p. 31.

(5) Ibid.

(6) Corte que se produce après-coup. [N. de T.]

(7) Debo la invención de este término a François Robert, quien lo sugirió durante la discusión sobre este texto en Cerisy.

(8) Ibid. p 28 y 30

(9) La cubeta. Trascendencia de la transferencia. Problemáticas V, Bs Aires: Amorrortu, 1990.

(10) Problématiques VI. L’après-coup (1990-1991), París : PUF, 2006, p. 6.

(11) Id.

(12) Es sorprendente constatar que esta cuestión del progreso al interior de un movimiento de espiral también se plantea en la obra de Barthes, y no solo en la misma época (a partir de la década de 1970) sino también en los mismos términos. Como Laplanche, Barthes habla de una dialéctica propia a la espiral, del peligro de la «obstinación», del regreso de las cosas «en un nivel distinto», «en otra vuelta», «en otro lugar». Y también encontramos que plantea la misma duda en cuanto al progreso en la historia de una obra. Por lo demás la espiral, como figura retórica para designar el movimiento de una obra a la vez cíclica e irreversible, se remonta a Vico, pasando por Michelet, Marx y Nietzsche (Véase B. Lindorfer, Roland Barthes. Zeichen und Psychoanalyse, München, Wilhelm Fink Verlag, 1998).

(13) En su conferencia, Vladimir Marinov pretende derivar de esta metáfora del extravío una «ruptura con su metodología anterior y también, en parte, con su relación a la obra de Freud. Problematizar el pensamiento de otro es una cosa, mostrar que éste se extravía con el objetivo de remplazarlo es otra» (p. 5).

(14) En su conferencia, Vladimir Marinov pretende derivar de esta metáfora del extravío una «ruptura con su metodología anterior y también, en parte, con su relación a la obra de Freud. Problematizar el pensamiento de otro es una cosa, mostrar que éste se extravía con el objetivo de remplazarlo es otra» (p. 5).

(15) «Todo descubrimiento nunca es más que la mitad de novedoso de lo que parecía a primera vista», declara Freud más de una vez al referirse al autor satírico J. Nestroy. Váse S. Freud (1926), G.W, t. XIV, p. 220; (1937), GW. T. XVI, p. 72; y J. Laplanche, Nuevos fundamentos para el psicoanálisis, Buenos Aires, AE, p. 12.

(16) Op. cit.

(17) El inconsciente y el ello. Problemáticas IV,  Bs Aires: AE, 1987, p. 36.

(18) Presente en el prólogo de su libro sobre Hölderlin, la cita cmpleta es la siguiente: «Mi maestro en filosofía, M. Jean Hyppolite» y mi maestro en psicoanálisis, M. Jacques Lacan, saben que este libro simplemente no hubiera existido sin su obra y su enseñanza».

(19) El inconsciente y el ello. Problemáticas IV,  op. cit, p. 34.

(20) Al respecto, en el prefacio escrito con Pontalis en 1985 para su texto «Fantasma originario, fantasmas de los orígenes, orígenes del fantasma» leemos lo siguiente: « […] permanecíamos un poco frenados por la preocupación de establecer una continuidad entre Freud y [Lacan]» (Laplanche y Pontalis [1964], Paris, Hachette, 1985, p. 8).

(21) Véase U. Hock, «Lacan-Laplanche»: Zur Geschichte einer Kontroverse», in Gondek, Hofmann, Lohmann (Hg.), Jacques Lacan. Wege zu seinem Werk, Stuttgart, Klett-Cotta,2001, p. 203-235.

(22) J. Mehlman, «Translator’s introduction», in J. Laplanche, Life and death in psychoanalysis, Baltimore, The John Hopkins University Press, 1976, p. 9.

(23) Véase también U. Hock, «Laplanche et le texte sacré de Freud», Revue belge de psychanalyse, 2013, nº63.

(24) J. Laplanche, Vida y muerte en psicoanálisis, Buenos aires, AE, 1973, p. 69.

(25) S. Freud, Neu Folge der Vorlesungen zur Einführung der Psychoanalyse (1933), GW, t. XV, p. 101.

(26) Id.

(27) En Entre seducción e inspiración: el hombre, Bs Aires: AE, 2001.

(28) Ibid, p. 218.

(29) Ibid, p. 219

(30) En Entre seducción e inspiración: el hombre, op. cit.

(31) «Les trois Essais et la théorie de la séduction», in En Sexual. La sexualité élargie au sens freudien (2000-2006), Paris, PUF, 2007.

(32) Vida y muerte en psicoanálisis, op. cit., p. 16.

(33) «Les trois Essais et la théorie de la séduction», art. cit., p. 242

(34) Véase sobre este tema, el libro de Hélène Tessier con el título revelador de Rationalisme et émancipation en psychanalyse. L’œuvre de Jean Laplanche. Paris, PUF, coll. «Souffrance et théorie», 2014.

 

 

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