Madrid, 11 del 12 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

Infiel fidelidad*
Sobre «Interpretar [con] Freud» y « Exigency and Going Astray »(1) de Laplanche
Nicholas Ray

 

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Los dos textos de Laplanche (1924-2012) que aparecen juntos aquí se refieren a dos momentos distintos del itinerario de su trabajo (2). Por lo tanto, es necesaria una explicación sobre sus respectivos orígenes, las conexiones temáticas y desarrollos que encontramos entre ambos y su posición en el más amplio contexto del proyecto de Laplanche.

En una carrera que se extiende  a lo largo de cinco décadas, Laplanche llegó a establecerse merecidamente como uno de los autores y pensadores psicoanalíticos más importantes de Francia. Durante varios años, tanto los   académicos como los clínicos anglófonos asociaban inmediatamente su nombre con dos de sus primeros libros: el Diccionario de psicoanálisis (1983, 3ºed. [orig. 1967]), un detallado vocabulario crítico de los conceptos psicoanalíticos co-escrito con Jean-Bertrand Pontalis,  y Vida y muerte en psicoanálisis (1973 [orig. 1970]), una monografía que explora las tensiones conceptuales y las contradicciones en la obra de Freud. Así, Laplanche había sido infravalorado por algunos, reconocido tan solo como un brillante proveedor de  explications de texte freudien. Sin embargo, recientemente la traducción al inglés de varios otros trabajos de Laplanche ha permitido a los lectores anglófonos una visión mucho más clara de la evolución y la trayectoria de su pensamiento desde la década de 1960 y comienzos de los 70s, aportándoles una confirmación inequívoca de la independencia y originalidad con  que se desarrolló su investigación.

No obstante, debe notarse que el trabajo de Laplanche, como él mismo insiste (3), no puede dividirse en una fase “temprana” y una “tardía”, mucho menos si con ello se quiere entender que existe una clara separación temporal entre, por un lado, el proyecto explícito de explorar y describir el aparato conceptual freudiano y, por otro, la elaboración de un arsenal de conceptos y postulados teóricos que sería totalmente independiente. Cualquier consideración sobre el desarrollo del pensamiento de Laplanche debería reconocer el hecho de que, desde 1988 hasta su muerte, fue  director científico de un inmenso proyecto de traducción de los trabajos de Freud al francés, que llevó a cabo utilizando un vocabulario conceptual  cuidadosamente examinado e implementado de manera fiable (4). Así, los empeños de Laplanche en calidad de arqueólogo y expositor crítico de Freud en todo caso se agudizaron, incluso mientras ponía en marcha, en la redacción de sus propios textos teóricos, una contribución notable y original al pensamiento psicoanalítico.

Pero no solo se trata de que no haya una separación entre lo que a primera vista podría verse como dos aspectos heterogéneos del proyecto de Laplanche: ellos son en esencia inseparables. Sería infructuoso intentar distinguir rotundamente entre el trabajo de Laplanche como expositor crítico y traductor de Freud, y su trabajo como teórico “por derecho propio”. A menudo Laplanche describió el desarrollo de su pensamiento en términos de un movimiento helíptico, que regresa continuamente sobre los mismos puntos de una curva imaginaria pero cada vez desde una perspectiva más reveladora o elaborada. La profundidad y originalidad de su propio pensamiento evolucionó, pues, a través de series continuas de recorridos y “problemáticas” freudianas, volviendo una y otra vez al terreno conceptual de Freud  para re-trazar su perspectiva de maneras aún más rigurosas, para excavar, reconstruir y poner a trabajar conceptos semi-enterrados, y para delimitar los terrenos inestables, buscando nuevos recursos teóricos para sortear sus peligros.

«Interpretar [con] Freud» y «Exigency and Going Astray» [Exigencia y extravío] son los planteamientos más completos de Laplanche acerca de su metodología para leer a Freud. En esta medida, no solo aportan claridad sobre las demandas interpretativas singulares propuestas por el texto freudiano, sino también respecto del movimiento del propio pensamiento de Laplanche.

Abordar el pensamiento de Laplanche supone, en primer lugar, exponer la metodología que guía su lectura crítica de Freud. Nos referiremos a dos  ensayos de Laplanche dedicados exclusivamente a la elaboración y la defensa de esta metodología. Puesto que fueron escritos en momentos significativamente distintos de su trayectoria,  intentaremos esclarecer sus respectivos contextos de origen, así como los desarrollos y las conexiones temáticas que encontramos entre ambos.

Escrito originalmente en 1968 e incluido posteriormente en su recopilación de artículos La révolution copernicienne inachevée (1992), «Interpretar [con] Freud» es una suerte de manifiesto de lectura. Ahí Laplanche establece, más exhaustivamente que en cualquier otro de sus trabajos, los principios básicos que orientan su aproximación a Freud desde el Diccionario de psicoanálisis y Vida y muerte en psicoanálisis en adelante. Aunque sus implicaciones van mucho más allá de los “tópicos” de su origen, el ensayo resultó bastante polémico. Las dos cuestiones más importantes que plantea son, por un lado, el concepto de interpretación en Freud y, por otro, la interpretación de Freud. Sobre la primera, Laplanche es especialmente agudo para rebatir esas formas tan populares de análisis “salvaje” prevalentes tanto dentro como fuera de la clínica, que asimilan la aproximación psicoanalítica a un relativismo interpretativo banal o a una simbólica ordinaria. Argumentando que esos usos reduccionistas han oscurecido la originalidad del método freudiano, Laplanche enfatiza el uso muy particular que hace Freud del término alemán Deutung, que no está peyorativamente cargado con las implicaciones del subjetivismo inherente a su más cercano equivalente inglés o francés [o español (5)], «interpretación» (6). En Freud, Deutung se refiere a un modo radical de de-construcción analítica, bastante diferente del proceso de síntesis para el que Freud reservó el término «construcción» (Konstruktion). El Deutung conlleva una doble demanda metodológica: por un lado, que el objeto considerado (el texto de un sueño, un texto sintomático, etc.) sea desplegado de tal manera que cada uno de sus elementos reciba la misma consideración, sin importar cuán insignificante o tangencial sea en el nivel manifiesto; por otro lado, que ningún elemento sea considerado como “elemental”, es decir, como un constituyente discreto que no permita ninguna otra división para llevar más lejos el análisis. Por lo tanto, la interpretación freudiana es, estrictamente hablando, un proceso de desmantelamiento y descomposición, incluso de deconstrucción (7).

En cuanto a la interpretación de Freud, Laplanche se refiere particularmente al libro monumental de Paul Ricœur, Freud and Philosophy (1965) (8). Esta reflexión sobre Freud como un “maestro de la sospecha” hermenéutico, con su proyecto explícito de producir una interpretación filosófica de la obra de Freud, generó en su momento un debate considerable, encontrando una respuesta particularmente hostil entre los lacanianos (9).  «Interpretar [con] Freud» debe leerse, en parte, como una intervención en la controversia suscitada por ese libro. En sus informes pacientes y detallados de los textos freudianos, Ricœur identifica algunos principios que Laplanche también intenta enfatizar a su manera, empezando por aquellos aspectos del método freudiano deconstructivo de interpretación que, según Laplanche, se encuentra  tan abandonado en otros círculos. Pero aunque resulta claro que Ricœur entiende algo del Deutung freudiano, Laplanche le critica el no haberlo tomado en cuenta  en su aproximación interpretativa a la propia obra de Freud.

Ricœur organiza las dos fases principales de su reflexión bajo dos encabezados distintos: «Lectura de Freud»  y  «Una  Interpretación filosófica de Freud». La primera sección del libro, sobre la que llega a decir que puede considerarse «un trabajo separado e independiente» (pxiii), contiene su «reconstrucción arquitectónica» de la obra de Freud, es decir, un intento de presentar una reconstrucción no subjetiva de la arquitectura del pensamiento freudiano (10). La fase explícitamente interpretativa busca «reubicar» a Freud en el discurso extrínseco de la filosofía reflexiva.  Aquí el desalojo de la consciencia soberana propiciado por el descubrimiento psicoanalítico es visto como lo que abre la vía a la tarea de «volver consciente», que Ricœur ubica en el marco de teleología específicamente hegeliana. Laplanche no encuentra convincente que Ricœur se empeñe en separar “lectura” e “interpretación” y se muestra de acuerdo con el lacaniano Michel Tort, a quien cita, cuando insiste en que ninguna lectura puede atribuirse una objetividad no interpretativa (11). Pero también va más lejos al señalar los efectos distorsionantes de la exposición secundaria y la reconstrucción  que Freud  llevó a cabo a propósito de su propio pensamiento. Laplanche sostiene que los trabajos  históricos y explicativos en el corpus freudiano –ejemplos privilegiados de la lectura que Freud hace de sí mismo­-  a menudo tienden a la omisión y la sobre-simplificación en nombre de la claridad y la inteligibilidad. Por lo tanto, es necesario acercarse a la obra de Freud con el tipo de “sospecha” interpretativa que Freud aconseja a propósito de la forma manifiesta inteligible de cualquier texto. Ricœur no llega a introducir esta necesidad en ninguna de las dos fases de su reflexión: Por un lado, una reconstrucción de la arquitectura del pensamiento freudiano está destinada a repetir las propias omisiones arquitectónicas de Freud; por otro lado, al acercarse a Freud desde una posición interpretativa explícitamente extrínseca, Ricœur renuncia precisamente a los métodos interpretativos propuestos por Freud que demanda la aproximación a la propia obra de Freud.

La manera más obvia en que puede verse cobrar forma a la  especificidad de la posición de Laplanche es justamente contrastándola con esta aproximación ricœuriana. El método que propone, y en el que se apoyará durante los más de cuarenta años siguientes, permite que los insights revolucionarios del Deutung freudiano se apliquen reflexivamente al propio texto freudiano. Laplanche sostiene que el valor de esta aproximación  es que nos permite suspender las “consideraciones de inteligibilidad” que gobiernan la arquitectura manifiesta del trabajo de Freud: no solo simplificaciones didácticas sino también exclusiones tendenciosas, jerarquías conceptuales sedimentadas, ortodoxias teóricas hegemónicas… En vez de ello, las contradicciones teóricas, los detalles aparentemente pequeños, los desplazamientos terminológicos y la represión de ciertos conceptos a través del tiempo pueden hacerse visibles  y ser considerados con la atención crítica que de otro modo se les negaría. Una tal aproximación permite la deconstrucción  o ruptura de conceptos e ideas supuestamente elementales para que su evolución y su composición  compleja puedan ser mejor comprendidas.

Sin embargo, un punto crucial es que el análisis radical que propone Laplanche no es psico-biográfico. En algunos pasajes bastante condensados -que en el artículo de 1968 tan solo esbozan una noción cuya importancia es esencial para todo lo que después tendrá que decir sobre Freud- aclara que su interés no es develar la “fantasía de deseo” del hombre Freud  sino rastrear «lo que en el plano discursivo», nos dice, «se emparenta más con ese deseo» (Laplanche, «Interpretar [con] Freud», op. cit, p. 33). A esto lo denomina la «exigencia» (exigence) del trabajo de Freud: algo que Freud no necesariamente controla pero que, no obstante, impulsa su pensamiento sistemáticamente a través de las transiciones de la teoría.

En el trabajo posterior de Laplanche, esta noción original de una exigencia freudiana se irá puliendo progresivamente y, emparejada con la formulación complementaria de «extravío» (fourvoiement), ambos términos vendrán a definir, en última instancia, los campos de fuerza más importantes que impregnan el texto freudiano. En su forma más desarrollada, los términos se encuentran elaborados en «Exigency and Going Astray», un extracto del libro basado en el seminario impartido por Laplanche en la Universidad de Paris entre 1991 y 1992 (12), que constituye una exposición renovada y más profunda de intención metodológica.

Un sentido más específico de lo que quiere decir Laplanche  con «exigencia freudiana» se indica mediante el vínculo que propone, en un texto posterior, entre la exigencia y la idea de «revolución copernicana». Este último término ha adquirido un rol central en el vocabulario de Laplanche desde comienzos de la década de 1990. Deriva del intento del propio Freud por definir el alcance de su pensamiento. Como sabemos, Freud ubica el psicoanálisis dentro del linaje de otros descubrimientos que han “descentrado” al hombre, asestando un duro golpe al narcisismo humano: el rechazo copernicano del geocentrismo, que introdujo la idea de un universo infinito más allá del sistema solar y sin ningún centro, y la teoría darwiniana de la evolución, que desmiente la creencia en la centralidad privilegiada de la humanidad dentro de la “creación”. Según Freud, la comparación del psicoanálisis con estos antecedentes  se justifica porque el descubrimiento del inconsciente descentra al hombre respecto de sí mismo, revelando que «el yo no es dueño de su propia casa» (13). En su texto, Laplanche especifica que la exigencia del pensamiento de Freud no es otra que el empuje fundamental y constante que tiende a revelar ese gran descubrimiento “copernicano” de lo irreductiblemente alien, o de la otra cosa en nosotros.

Sin embargo, en un pasaje que puede parecer un complejo juego de palabras, Laplanche continúa su argumento diciendo que ese descubrimiento “copernicano” -que está en el origen (Fr. “source”) del psicoanálisis y que impulsa intelectualmente a Freud de manera exigente- se expone en todo momento, como una corriente subterránea (“source”), a ser tapado o cubierto por la propia teoría manifiesta, encontrándose siempre en riesgo de extravío y ocultamiento. Esto se debe a la existencia de una relación cuasi-mimética entre la teoría freudiana y su objeto primordial, a saber: la  formación y el desarrollo de la psique humana. Aludiendo a su propia reformulación de la teoría de las pulsiones de Freud, Laplanche denomina a la psique el «objeto-fuente» (objet-source) del pensamiento freudiano. Esto quiere decir que, para él,  no se trata simplemente de un objeto de descubrimiento como cualquier otro, sino de un objeto que desde el comienzo habría provocado y orientado el discurso que busca describirlo. Propone que la teoría de Freud no evoluciona independientemente de ese objeto sino que, más bien, éste la  imanta en una complicidad involuntaria con el narcisismo humano que busca comprender y desplazar.

Así, imantada por su objeto-fuente, la evolución de la teoría tiende a recapitular la evolución psíquica del ser humano. Laplanche ilustra esta afirmación mediante una parodia de la “ley biogenética” de Ernst Haeckel, tan apreciada por Freud. Mientras que para  Haeckel «la ontogénesis reproduce la filogénesis», para Laplanche  «la teórico-génesis…recapitula la ontogénesis» (14). Dicho simplemente: cualquier teoría (humana) sobre el sujeto humano estará inevitablemente orientada –y desorientada- por la atracción gravitacional  de la sensación ilusoria  de autonomía y centralidad yoica del propio hombre. Por lo tanto, el pensamiento freudiano difícilmente puede sostener en toda su impactante audacia la herida copernicana al narcisismo humano, que proclama como su descubrimiento inaugural. Laplanche llama «extravíos» en Freud –y en la teoría psicoanalítica desde Freud- a los numerosos y vastos recubrimientos de la esencia copernicana del propio descubrimiento freudiano. Esto incluye a todas las diferentes hipótesis, conceptos y sistemas conceptuales que, aún sin que Freud lo haya pretendido, se rinden ante el narcisismo humano y finalmente logran, de varias maneras, recentrar al sujeto humano.

En otro lugar, Laplanche denomina «ptolemaicos» (15) a los extravíos narcisistas de la teoría. El ejemplo más patente, aunque en este texto solo lo menciona -indicando que existen múltiples avatares de ptolemaicismo freudiano y post-freudiano-, es la evolución de la teorización de Freud sobre el propio inconsciente. Esa teorización muchas veces cede a conceptualizaciones banalizadas y domesticadas donde el inconsciente es colocado como el núcleo más íntimo del “propio” sujeto, una profundidad escondida que el trabajo del psicoanálisis puede permitirnos descubrir, integrar y dominar,  un ello endógeno que puede ser “conquistado” por los progresos del yo (16). Mientras que todas estas conceptualizaciones aparentemente sostienen la afirmación de que «el yo no es amo en su morada»,  también nos reaseguran eficazmente que «está, pese a todo, en su propia tierra» (17). Así,  no se trata de que en algún punto Freud llegue a renunciar a la idea de inconsciente  sino que, según Laplanche, sus concepciones del inconsciente tienden a efectuar un recentramiento anti-copernicano o ptolemaico “por la puerta de atrás”. De modo que la alteridad, la extrañeza del inconsciente que Freud intuye inicialmente es exorcizada, y el inconsciente se reduce a una dimensión endógena y finalmente asimilable al sí-mismo.

La virtud fundamental de la noción de extravío es permitir que el lector crítico de Freud salga del ejercicio tedioso de simplemente culparlo de errores intelectuales cuando descubre contradicciones y fallas en su obra. Sin duda existen innumerables falsas vías en el pensamiento de Freud, pero considerarlas  en términos de su connivencia involuntaria con el narcisismo fundamental del objeto de su reflexión es verlas como instructivas en su aberración misma.  Según Laplanche, las tensiones latentes, las represiones  y las corrientes opuestas que muestra la evolución del pensamiento freudiano deben leerse como correlatos sintomáticos, en el nivel del discurso, de las contradicciones y exclusiones reales inherentes al mundo psíquico que Freud describe. Por lo tanto, el movimiento y la constitución del pensamiento de Freud no solo son infinitamente más ricos y complejos de lo que ciertas “críticas” e “historias” podrían hacernos creer; sus propias fisuras y hasta sus incoherencias pueden verse como una réplica, en un registro discursivo, de algo esencial relativo a la vida psíquica del ser humano.

La redirección del método de la “deconstrucción” freudiana al propio pensamiento de Freud no es, pues, negativa o destructiva. Es el trabajo necesario para desanudar y desmontar los conglomerados y recubrimientos de la teoría que, debido a la connivencia de la propia teoría con el auto-centramiento humano, han obstruido miméticamente el descubrimiento original de Freud acerca del inconsciente y  la heteronomía radical del sujeto humano. Tampoco se trata simplemente de vaciar el campo freudiano de toda su esencia teórica y de su especificidad para que quede tan solo una visión copernicana idealizada. Por el contrario, en la medida en que conlleva la suspensión de jerarquías conceptuales ortodoxas y hegemonías teóricas, es también un medio de identificación –para un desarrollo posterior más profundo- de los aspectos de Freud, a menudo latentes, que están “más cerca” de la exigencia original: nociones, intuiciones y propuestas teóricas incipientes cargadas de un potencial “copernicano” y que, por lo tanto, han sido atrofiadas, socavadas o empujadas a la clandestinidad.

Así, mediante las nociones-clave de «exigencia» y «extravío», Laplanche formula una estrategia de lectura absolutamente distintiva y original. Una  estrategia que muestra el mismo desinterés por reafirmar la ortodoxia freudiana que por la simple crítica de las limitaciones de Freud. Se trata, más bien, de un esfuerzo sistemático por comprender los factores decisivos de los tropiezos teóricos de Freud para recuperar la visión radical y, a veces, las articulaciones parciales que encontramos en su base. En artículos tardíos, Laplanche sintetiza su método en términos de lo que llama una “infiel fidelidad” a Freud (18), es decir, una fidelidad al espíritu copernicano del proyecto freudiano, incluso y especialmente cuando ello demanda una infidelidad a las construcciones teóricas de Freud que lo limitan. Esta formulación paradójica captura perfectamente la orientación del método pionero de Laplanche: requiere el análisis y el recorrido continuo a través de la obra de Freud, no en nombre de una obediencia sumisa, sino para reabrir el psicoanálisis a la reelaboración creativa y a la renovación.

 

Notas

* «Unfaithful fidelity: on Laplanche’s “Interpreting (with) Freud” and “Exigency and Going Astray”», in Psychoanalysis, Culture & Society, 2006, 11, 164–170. Traducción: Deborah Golergant.

1.La versión en español de este texto se encuentra al comienzo del libro El extravío biologizante de la sexualidad en Freud, Buenos Aires, Amorrortu, 1998, concretamente entre las páginas 11 y 18 de esa edición.

2.La versión original de este texto fue publicada en inglés como la «Introducción del traductor» a los dos ensayos de Laplanche que son discutidos. Aparece, junto a los ensayos, en Psychoanalysis, Culture & Society, 2006, 11, 164–170. El texto ha sido ligeramente revisado para esta traducción.

3.«Jean Laplanche talks to Martin Stanton», in Jean Laplanche: Seduction, Translation and the Drives, ed. John Fletcher and Martin Stanton, London: Institute of Contemporary Arts, 1992, p. 5.

4.Véase Jean Laplanche et. al. «Traducir a Freud», in Traducir a Freud. La lengua, el estilo, el pensamiento, Buenos Aires, Nueva Visión, 2005.

5.N. de T.

6. Laplanche regresa a la especificidad del término alemán freudiano en un ensayo posterior: «La interpretación entre determinismo y hermenéutica», en La prioridad del otro en psicoanálisis, Buenos Aires, AE, 1996.

7. Laplanche reconoce que, en principio, el término “deconstrucción” es apropiado para describir este proceso, pero es cauteloso al usarlo puesto que, como dice, ya ha sido «acaparado y aclimatado en una filosofía exógena» («El psicoanálisis como anti-hermenéutica», en Entre seducción e inspiración: el hombre, Buenos Aires, AE, 2001, p. 206 ). El convincente trabajo de Jacques Derrida sobre el principio deconstructuvo o “hiper-analítico” en Freud puede encontrarse en «Resistances», in Resistances of Psychoanalysis, trans. Peggy Kamuf, Stanford University Press: Stanford, 1–38.

8.Paul Ricoeur, Freud and Philosophy: An Essay on Interpretation, trans. Denis Savage, New Haven: Yale UP, 1970.

9. Véase Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2013; cf. Elisabeth Roudinesco, Jacques Lacan: esbozo de una vida, historia de un Sistema de pensamiento, Fondo de cultura económica, 2012.

10. Paul Ricoeur, «A Philosophical Interpretation of Freud», trad. Willis Domingo, in The Conflict of Interpretation: Essays in Hermeneutics, ed. Don Ihde, Evanston: Northwestern University Press, 1974, 160–176, p. 162.

11. Michel Tort, «De l’interprétation, ou la machine herméneutique», in Les Temps modernes, 21. 237, 1461–1493, y 21. 238, 1629–1652.

12. Jean Laplanche, El extravío biologizante de la sexualidad en Freud, Buenos Aires, AE, 1998, pp. 11-18.

13. S. Freud, «Una dificultad del psicoanálisis», OC. v XVII, AE, 127-135. Laplanche prefiere el modelo de la revolución copernicana porque, en su opinión, la teoría de Darwin lleva demasiado fácilmente a reformulaciones que recentran al hombre, colocándolo como «la culminación y eflorescencia [de la pirámide animal]». Véase Laplanche, «La revolución copernicana inacabada», en La prioridad del otro en psicoanálisis, Buenos Aires, AE, p. 41.

14. Laplanche, El extravío biologizante de la sexualidad en Freud, op. cit, p.16.

15. Como el término «copernicano», «ptolemaico» está ampliamente presente en la obra de Laplanche a partir de la década de 1990. Sin embargo, para una elaboración sistemática, véase el ensayo sobre «La revolución copernicana inacabada», passim.

16. Es notable que esta tendencia ya es bastante evidente en el propio artículo de 1917, «Una dificultad del psicoanálisis», donde Freud expresa solidaridad con la visión descentrada de Copérnico. Ahí, irónicamente Freud caracteriza el mandato del analista al paciente como una nueva envoltura del mandato délfico: «No estás poseído por nada ajeno… Entra en ti, en lo profundo de ti, y aprende primero a conocerte» (Freud, «Una dificultad», 134-135; las cursivas son mías). «En otras palabras», Laplanche comenta, «tú no reconoces lo que en realidad eres, simplemente tú mismo. Es tu propio núcleo, que no reconoces y el inconsciente revelerá ser finalmente “en el fondo del hombre, aquello”» (Laplanche, «La revolución copernicana…»,op. cit. p. 25).

17. Laplanche, «La revolución copernicana…», op. cit. p. 25.

18. Laplanche, «Incest and Infantile Sexuality» (2006) in Freud and the Sexual, trad. John Fletcher, Jonathan House, Nicholas Ray, International Psychoanalytic Books, 2011, 285–302, p. 285. Cf. «In Debate with Freud» en el mismo volumen, 275–278.

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