Madrid, 21 del 01 de 2018
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Revista de Psicoanálisis

Jean Laplanche
Entre seduction et inspiration: l’homme
por Dominique Scarfone

Entre seduction et inspiration: l’homme, de Jean LaplancheA un lector no familiarizado con la obra de Laplanche, un título como éste puede parecerle un poco anticuado, como si se tratara de un manifiesto para algún nuevo humanismo. Más aún, al abrir el libro, este lector creerá haberse equivocado de sección, pues el primer texto se titula «Seducción, persecución, revelación». Sin embargo, en esta colección de artículos –escritos entre 1992 y 1998- no se trata de teología ni tampoco de humanismo, sino de la continuación infatigable de una investigación y de una reflexión psicoanalíticas que toman como objeto central una realidad muy humana, específicamente humana: la realidad del mensaje.

Expuesta de manera sucinta, la idea que atraviesa estos artículos es que, entre la realidad material y la realidad psicológica, se inserta una tercera realidad: la del mensaje que, viniendo del otro, nos afecta. Es así como Laplanche retoma, aportándole una explicitación y una dirección bastante audaces,  la noción de realidad psíquica, que Freud mencionó en algunos lugares de su obra sin llegar a desarrollar el tema. Para Freud, la realidad psíquica designaba el hecho del inconsciente y de sus efectos sobre el sujeto, efectos tan reales como los de la realidad material. Para Laplanche, era necesario otorgar a esta realidad del inconsciente un estatuto riguroso, considerando aquello que ya no podía sostenerse durante más tiempo en la teoría freudiana de origen. En efecto, ésta estipula que la realidad psíquica (la del inconsciente y su «núcleo» más duro) se transmite filogenéticamente: se trata esencialmente de los fantasmas originarios,  que Freud,  contradiciendo todo lo que la ciencia biológica nos enseña sobre la transmisión genética, consideraba innatos. En efecto, aunque puede observarse una transmisión de predisposiciones y hasta de disposiciones y rasgos de temperamento, no se conoce ejemplo alguno de transmisión genética de contenidos de pensamiento, aunque sean inconscientes.

Pero la reflexión de Laplanche sobre este tema no responde a una preocupación respecto a la concordancia entre psicoanálisis y biología genética (aunque considere pertinente asegurarse de que entre ambas disciplinas no hay una contradicción fundamental). Hace ya cerca de 40 años, Laplanche más bien se lanzó a la búsqueda de los fundamentos del psicoanálisis, fundamentos que consideraba frágiles en muchos aspectos. (Para una presentación general del pensamiento de Laplanche, véase D. Scarfone, Jean Laplanche, Paris, PUF, coll. «Psychanalistes d’aujourd’hui»,1997[1]). En la primera parte de un libro capital, titulado justamente Nuevos fundamentos para el psicoanálisis (PUF, 1987; Amorrortu, 1989), Laplanche pone de manifiesto estos impases teóricos con los que, según él, llegó a toparse el psicoanálisis. No puedo más que remitir al lector a esta obra, donde figuran numerosos ejemplos. Pero lo esencial, según Laplanche, se encuentra en el hecho del abandono por Freud –en 1897- de una pista fecunda y hasta decisiva: aquélla de la seducción. Sin embargo, sería un error pensar que Laplanche retoma el argumento de un Jeffrey Masson (Le réel escamoté), quien en su opinión –ampliamente compartida- no había entendido nada de toda esa historia.  Contrariamente a Masson, Laplanche  pensaba que si bien, en efecto, la teoría abandonada por Freud  presentaba  problemas, al pretender deshacerse de ellos Freud también dio la espalda a la pista de investigación que habría asegurado al psicoanálisis los fundamentos más sólidos con los que contaba. Sin embargo, Laplanche no pretende que, por esa razón, el resto de la obra de Freud  resulta afectada.  Más bien considera a Freud como un alpinista infatigable que nunca pierde de vista la cima, objeto de su búsqueda, aunque a veces se aventura por senderos sin salida. Así, el «giro» teórico de 1920, que implica la introducción de la «pulsión de muerte» (véase el texto «La así llamada pulsión de muerte: una pulsión sexual») es entendido por Laplanche como un re-equilibrio inevitable de la teoría -llevado a cabo por un Freud consecuente con su práctica del inconsciente-,  a pesar de ciertos extravíos ocurridos durante ese periodo (Véase El extravío biologizante de la sexualidad en Freud, Amorrortu, 1993).

Los trece artículos del presente volumen continúan, profundizan y exponen  más explícitamente las posiciones de Laplanche sobre diversos aspectos de la teoría psicoanalítica. Ellos replantean varias cuestiones, consideradas desde el punto de vista de lo que Laplanche denomina la «situación antropológica fundamental», situación en el seno de la cual reina una asimetría esencial entre el adulto y el infans. Esta asimetría atañe a la comunicación, en la medida en que el adulto está dotado de un inconsciente reprimido cuyos efectos se manifiestan en los mensajes que emite –consciente e inconscientemente- y que el niño recibe como cargados de enigmas. Esos mensajes enigmáticos, «comprometidos» por el inconsciente del adulto, son mensajes inevitablemente seductores, que llevan al niño a poner en marcha  procesos destinados a no concluir jamás. Esos procesos de traducción se mostrarán determinantes en cuanto a las formas que tomarán los hechos relacionales, si se tiene en cuenta que esos hechos nunca son simples relaciones de adaptación mutua, sino que suponen una inadaptación fundamental. En efecto, esos mensajes están contaminados por la dimensión sexual inconsciente que proviene del adulto y a la que el niño deberá intentar dar sentido, incluso cuando no dispone de ningún código innato para hacerlo. Las formas en cuestión van de la forma persecutoria o incluso religiosa (artículo I del volumen), a la sublimación, pasando por la inspiración poética o científica (artículo XIII).

Así, el título se comprende: la «situación antropológica fundamental», de la que da cuenta una teoría psicoanalítica reconstruida, coloca al ser humano entre el hecho de la seducción y la posibilidad de desarrollar una posición subjetiva, pero en ambos casos es necesario renunciar a una visión unilateral, auto-centrada del ser humano. Tanto en el desvío más burdo como en la experiencia sublimatoria más inspirada, el sujeto humano   así descentrado trabaja siempre en respuesta a otro, a su mensaje. Un otro totalmente empírico; no un «gran A» lacaniano, sino un otro que, a su vez,  alberga también «un otro», «una extrañeza [étrangèreté]» -según el neologismo de Laplanche- inagotable, un «a traducir» sin fin, incluso cuando ese otro se convierte en un otro interno, lo que permite describir el inconsciente reprimido en su sentido más específico. Esta concepción tiene varias consecuencias, que son abordadas una a una en los diversos artículos del volumen. Consecuencias en cuanto al estatuto del inconsciente (que se exponen en el artículo III, «Breve tratado del inconsciente»): un inconsciente que no se basa en una biología innata pero que, sin embargo, tampoco se encuentra diluido en lo trans-individual o en la lingüística. En efecto, Laplanche defiende un realismo del inconsciente situado –por qué no- en la cabeza (o, si se quiere, en el cuerpo) del individuo.

Consecuencias también en cuanto al curso temporal de la vida psíquica (tema tratado en el artículo II, «Notas sobre el après-coup»): el proceso de traducción implica la atribución de sentido y, por lo tanto, de un posible valor  traumático a los índices depositados en un tiempo originario, en espera de traducción. El après-coup, concepto identificado primero por Lacan en el seno de la obra freudiana –pero nunca desarrollado por él- es explicitado aquí más que en otros lugares, incluso si aún habrá que esperar algunos años para ver publicado un volumen completo dedicado por Laplanche a ese tema en el curso de su enseñanza universitaria[2]. Consecuencias, también, respecto a la concepción de las pulsiones (artículo V: «Las fuerzas en juego en el conflicto psíquico»), así como a la conducción de la cura psicoanalítica (artículo IX: «Las metas del proceso analítico» y IV: «El didáctico: un psicoanálisis “de encargo”»); sobre las relaciones entre psicoanálisis y hermenéutica (artículos X y XII: «El psicoanálisis como anti-hermenéutica» y «Narratividad y hermenéutica: algunas proposiciones») y sobre aquéllas entre psicoanálisis y antropología (artículo XI: «El psicoanálisis: mitos y teoría») o, incluso, sobre los problemas de ética (Artículo VI: «Responsabilidad y respuesta») y de epistemología ( Artículo XII: «El psicoanálisis en la comunidad científica»). En suma, se trata de todo un recorrido de referencias centrales del psicoanálisis, que pocos autores  de hoy están en condiciones de aportar con tanta destreza.

A través de todos estos temas, el hilo conductor de la teoría de la seducción nunca se rompe. Los trabajos de Laplanche se caracterizan por la coherencia y reflejan la preocupación de su autor por el rigor y la claridad. Los problemas se abordan frontalmente, se examinan a plena luz, se analizan sin complacencia. El conocimiento profundo de los textos de Freud que muestra Laplanche, el método riguroso que emplea al afrontar los problemas y dificultades, el cuidado que pone en aportar unas bases claras a la epistemología psicoanalítica, las pistas de investigación abiertas aquí… todo ello señala la importancia de este volumen, que tiene la ventaja de reunir textos que se encontraban dispersos en varias revistas junto a otros inéditos. ¿Debemos concluir que aquí se encuentra  la última palabra sobre  teoría psicoanalítica? Ello sería contrario al espíritu de lo que persigue Laplanche: aunque siempre defenderá con convicción su punto de vista, él cree que las teorías están ahí para ser criticadas, revisadas a la luz de nuevos hechos o nuevas maneras de pensar. A menudo Laplanche emplea la expresión «poner a prueba» o «re-trabajar» (especialmente la teoría freudiana). De modo que va de suyo que, aunque este libro ofrece un ejemplo esclarecedor de lo que significa re-trabajar la obra de Freud, también nos invita – y se trata de un mérito significativo de los trabajos de Laplanche en general- a poner a prueba de la crítica  las propuestas del propio Laplanche. Para ello era preciso que este autor de gran importancia nos dé el ejemplo del espíritu desde el cual debe emprenderse un proceso como ése y del método riguroso que nos será necesario para emprenderlo.

[1] Traducido recientemente al inglés:  Laplanche: an Introduction, Paperback, 2015, N. de T.

[2] Cf. L’après-coup, Amorrortu, 2012.

Apres-coup

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